El pescador de sueños

Después de leer unas declaraciones del escritor Manuel Vicent, en las que sentenciaba que el Mediterráneo es un vertedero de sangre, eché la imaginación a volar y pensé que ojalá existiera la magistratura o la figura jurídica de un pescador de sueños que captura sus piezas y las devuelve al mar vivas para que las personas vean que son creíbles y capturables.

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Rabí de Osuna

Me alegró enormemente su designación y he disfrutado mucho escuchando a Álvaro Reina como Pregonero de la Semana Santa de Osuna, esa manifestación cultural mayor del pueblo andaluz que anda pidiendo escaleras estéticas para subir a la cruz del sufrimiento. Pregonó con humildad pero con verdad. Dificilísimo ejercicio. Pregonó entre la fábula afectiva y la liturgia de los escalofríos, consciente de que solo el misterio nos hace vivir, como afirmaba Federico García Lorca.

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Refugiados

Tienen un coche aparcado cercano al parque. Solo les restan tres letras para terminar de pagarlo. Tienen otro automóvil bien refugiado en el garaje del dúplex. Solo lo sacan los días de viaje. Tiene un diseño chulísimo. Acaban de llegar y el sol acompaña. Van al parque los fines de semana y juegan. Tienen una niña preciosa de tres años a la que visten y calzan a su gusto y con el mismo antojo y voluntad de estilo con el que se visten y calzan ellos. Tienen otro hijo refugiado en el vientre. Está embarazada de siete meses y el futuro ya tiene ropita y sus primeros enseres. Se los compraron hace dos meses. Tienen una casa con jardín hipotecada hasta el techo y con la preceptiva decoración de Ikea. Tienen un marco constitucional y derechos que ni sospechan. Tienen un país, una nación, un Estado, o como se llame. Tienen soberanía popular y tutelaje civil, que pasa desapercibido dentro del engranaje rutinario de los días. Tienen la solidez de las instituciones, pese a tener a los políticos babeando votos cada dos por tres. Tienen ya hecha la compra de la semana y tienen programadas las vacaciones de verano con mucha antelación porque tienen al futuro secuestrado en el zulo mental de las garantías y las seguridades de la vida en Occidente. Y ninguna vicisitud huracanada podría derribar los muros del estatus. Ninguna profecía funesta sería creíble. Las penurias, las guerras, las injusticias, el horror, son instructivos programas de la televisión.

Tienen cuentas bancarias y un atasco de quince minutos camino del trabajo, que sobrellevan escuchando buena música descargada de Internet. Tienen frío y calefacción. Tienen calor y aire acondicionado. Tienen mascota y comida para la mascota. Tienen impuestos y desgana en abonarlos. Tienen ciudadanía e incluso patriotismo. Tienen ilusiones y un solárium inutilizado. Tienen y aspiran a tener. Se saben y se sienten refugiados.

 

Francis López Guerrero

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Pitos y banderas

Padecía un fuerte regionalismo cerebral como el que padece de jaqueca pero grita de alegría en vez de contraerse por el dolor. Se había quedado a vivir en la región cerebral del encastillamiento, la más reducida, oscura y ruidosa de todas las estancias cerebrales. Se había encerrado por dentro. Había arrojado la llave por el sumidero del sistema nervioso central y había clausurado las ventanas que dan al mar anchuroso de la convivencia.

El Camp Nou fue una olla a presión para el guiso independentista: sobraba el himno, el rey, España, la copa, el título y hasta el fútbol. Hay guisos tan sumamente concentrados y espesos en su caldo que les sobra todo aderezo. Es mejor que hiervan solos. Así se define la esencia de los pueblos auténticos: no necesitan nada más ni a nadie más.

Cuando los nacionalismos históricos se vuelven nacionalismos histéricos pierden la razón y el crédito social que puedan tener. Silbatos, banderas y maleducados no son malos rudimentos para construir un Estado sólido y creíble. Azuzadores, paniaguados y abucheadores como chopos comportándose como niños no son malos ingredientes para hacer patria y edificar ciudadanía.

El nacionalismo es el tiempo sin memoria y una fortuna oculta en Suiza entre el cinismo y el olvido digna de un abucheo. La dirigencia nacionalista habla henchida de libertad de expresión (constitucional) cuando lo exacto es hablar de libertad de soplido o bramido (demencial). Uno de los grandes vicios seculares de la política es la perversión del lenguaje. Allá por 1932 Ortega y Gasset escribía: “la política es analfabetismo”. No han cambiado mucho las cosas. Bueno, ahora se hace más ruido, mucho ruido amplificado por los medios y abundan los parlanchines descomedidos con voz y mando.

Los expertos en neurociencias afirman que ahí fuera sólo hay energía y materia que nuestro cerebro percibe e interpreta. Hay cerebros que perciben e interpretan pitos y banderas: ruido y colores. Folclore político. Hay cerebros que percibieron e interpretaron libertades individuales y misiones pedagógicas: personas y cultura. Universalidad ilustrada. El cerebro humano es el resultado de 500 millones de años de evolución y está diseñado para captar e interpretar lo que nos venga en gana. Agua lleva el Nilo y agua lleva el Salado. Todo está dentro. Somos los propietarios absolutos de la “realidad”. El problema radica en imponerla como verdadera o como revelación suprema.

 

Francis López Guerrero

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