No tener cara

No tener cara resulta un ejercicio casi imposible en nuestro presente. La dictadura de las redes sociales y la necesidad de figurar de cara al público como alguien que sabe y debe opinar sobre todo lo que acontece en la actualidad han convertido el posicionamiento y la notoriedad en una cuestión primaria para cada hijo de vecino. Ahora se anhela con fervoroso empeño que nuestra ocurrencia se convierta en viral, que nuestro insulso post se comparta, que nuestra pose haga ver que sabemos de lo que hablamos. Ocurre con frecuencia en estos tiempos que los que más predican que el anonimato es un sitio confortable son los que más aspiran a conseguir la fama, que los más laureados y seguidos son los que menos tienen que aportar. 

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