Gladiator de Osuna

No creo en la reencarnación. Por eso en mi trastornado instinto pulula el sentir de que José Antonio González Núñez (Osuna, 1979) puede ser un vestigio vivo de la romana Urso.

Lástima que mi latín se circunscribiese únicamente a un par de cursos de BUP y a COU, porque podría haber escudriñado alguna referencia de Plinio el Viejo a un atleta de complexión romana, con nariz de emperador, que recorría incansable las calzadas de la Bética y de todo Al Andalus buscando el bien común.

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Su única guerra púnica es consigo mismo y su código ético está extraído a partes iguales de la Lex Ursonensis y de Gladiator.

Demuestra su liderazgo en la arena, en el mar, en un río, en una tierra caliza o calcárea y bajo la dureza del sol o de la desgastadora luna. Nocturna del Guadalquivir, media maratón, maratón, ultra trails (de 100 kilométros y de ¡100 millas!)…

“Un verdadero líder inspira a otros, se gana su respeto luchando junto a los suyos y compartiendo su destino”. Y, encima, tiene el valor de decir que no se puede ganar solo. Así es nuestro Núñez. Su carrera no consiste en ganar, sino en llegar. Si los que le rodeamos le consideramos un héroe es porque, aunque él no lo sepa, nos ayuda a superar dificultades movidos por la inspiración que nos hace sentir.

Su staff (qué palabra tan poco latina) la encabeza su mujer Esperanza (¡vaya nombre!) seguida de sus tres hijos y un séquito al que cuida y cultiva sin cesar.

Ante las situaciones inesperadas que se producen en sus inhumanas carreras y en la propia vida, no se le conoce el lamento ni la palabra injusticia. Siempre coge el taurus por los cuernos y tiene la virtud de moldear su actitud para hacerle frente.

Al igual que Máximo Décimo Meridio (Russell Crowe en la gran pantalla), Núñez, inasequible al desaliento, opina que “a veces hago lo que deseo hacer, pero el resto del tiempo hago lo que debo”. Sin contemplaciones.

Este atleta amante del arte italiano no cesa en sus entrenamientos. Su sombra está perfilada por la constancia y esquiva a codazos disciplinantes a la dichosa competitividad. Disfruta del compañerismo. En los avituallamientos, básicos para alcanzar la meta, se aprovisiona de humildad, mucha humildad.

Viene de hacer una carrera de 103 kilómetros. Casi nada. Desde Granada hasta el Pico Veleta y la Estación de esquí de Pradollano. Salió a las 00:00 del pasado viernes y la completó en 23 horas y 22 minutos. Había un desnivel positivo de 6.060 metros y negativo de 4.590 metros. Hipérbole al cuadrado.

El día antes de la hazaña (carrera para él) completó, como el excelente enfermero que es, un turno de 12 horas en el Hospital de Osuna y al día siguiente disfrutó de un placentero día de playa junto a los suyos. Allí, en el horizonte del mar, mientras sus reconstituyentes Manuel, Rafael y Tomás no cejaban en su empeño de jugar con su padre, José Antonio González Núñez ya vislumbraba, parapetado en sus aerodinámicas gafas de sol, la Ultra-Trail del Mont Blanc, una carrera de 172 kilómetros que transcurre por Francia, Suiza y su amada Italia. “No nos ocurre nada que no estemos preparados para soportar”, bisbisea a sus hijos parafraseando a Máximo Décimo Meridio.

Arcadio Torres

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