Nos ha dejado Manuel Molina

La Casona de Calderón

Nuevo Día llegó a mis manos cuando apenas tenía 9 años. Fue uno de los primeros discos que entró en casa de mis padres, cuando compraron un Betor Dual. La tierra tiraba en casa de una familia emigrante y una manera de aliviar la añoranza era escuchar los nuevos valores del flamenco y, por qué no decirlo, también los clásicos.

Reconozco que con aquella edad no tenía la capacidad de entender la poesía, el misticismo, la novedad que nos entregaban Lole y Manuel en su Nuevo Día. El disco sonaba y sonaba en mi casa y, a pesar de mi disgusto por aquella música, sin saberlo estaba bebiendo de la fuente que me abrió la puerta de una dimensión apasionante. Manuel y Lole, Lole y Manuel dejaron en mí una huella indeleble que dura hasta nuestros días. Fueron la puerta de entrada a lo que vino después: Triana, Alameda, Imán, Medina Azahara y Camarón en su famoso Leyenda del Tiempo. Un movimiento musical y cultural que arraigó en una generación como la mía que no tenía una referencia coetánea en el flamenco. Aquel movimiento que ha vuelto a resurgir y que hoy deja su sello en temas de Pepe Roca, Zaguán o Medina Azahara. Me consta que en Andalucía tuvo una repercusión muy grande y fuera de esa tierra, nos embebíamos con la mística y la poética de un genio.

Se nos ha ido quien nos abrió la puerta al paraíso del nuevo flamenco, pero para nosotros Manuel Molina siempre estará allí donde se oiga un “quejío” o suene una bulería, porque como él cantó a los vientos, todo es de color.

 

Juan Zamora

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