«Me sorprende que siendo médico creas en Dios»

Una chica me dijo esto hace unos días. No es la primera vez que me lo preguntan, ni mucho menos, pero me llamó mucho la atención su exagerada incomprensión. Por eso quise ponerme en su lugar, e intentar comprenderla.

Entiendo su duda porque en esto existe una realidad.

Por una parte, la ciencia tiende a mecanizarnos. Hablamos del funcionamiento de los órganos, de las “tuberías” del corazón, de cómo se producen los sentimientos, de la hormona de la felicidad… Todo es tan técnico que parece que estemos hablando de una máquina y no de un ser humano. Se pierde la magia, se pierde el misterio, se pierden sentimientos y se pierde humanidad en la percepción de la persona.

Por otro lado, todos tenemos nuestra vida, somos “nosotros y nuestras circunstancias” y esto nos lleva pensar que el mundo es lo que conocemos, lo que podemos ver y sentir. Pero no es así. La medicina en ese sentido es como un choque de realidad y te das cuenta de que las tragedias existen. La gente enferma y muere, a cualquier edad… y lo ves a diario. Convives directamente con el sufrimiento de las personas.

Es normal que tanto tecnicismo y tanta tragedia puedan afligir el corazón de un médico. Es como si vivieras felizmente en una especie de Matrix y, de repente, vieras las letras subiendo y bajando a a tu alrededor conformando una realidad completamente diferente a la que conocías.

En esta situación, Dios está en Jaque… pero el descubrimiento aún no ha terminado.

Los días pasan y, poco a poco, tu mente comprende e integra la realidad de la vida. No es “acostumbrarse” como dice la gente. Es asimilarla y cambiar la perspectiva para poder ayudar a quien lo necesita. Cuando el telón negro cae al suelo, ni os imaginas cuantas cosas buenas pueden aparecer.

He visto a hijos celebrar con lágrimas el haber provocado una leve sonrisa en su padre, ya mayor, encamado y casi sin poder hablar. He visto a personas llorando por la muerte de un familiar y aún así, en ese momento, tener tanto corazón como para dar las gracias a quienes intentaron salvarle la vida. He visto a padres peregrinos de consulta en consulta luchando y dejándose la vida por el bienestar de su hijo. He visto a personas que lo daban todo por otras personas. tiempo, dinero, trabajo, sacrificio, ¡Todo! ¡Yo lo ví! Detrás del fantasma de la enfermedad, tras el telón de las tragedias vi, a personas amando a personas, vi amor. ¡Amor, señores! La verdadera luz de este mundo. Almas conectadas, brillando e iluminando el Universo.

Adoro la ciencia y estoy enamorado de ella porque verdaderamente pienso que es hermosa y justa. Pero, por suerte o por desgracia, siempre habrá misterios que se escapen de su entendimiento. La Fe es algo muy personal, no se puede obligar y al mismo tiempo se debe respetar. Tan lícito es creer como no creer. Esto es la vida, un misterio maravilloso, que se simplifica y se engrandece con una sonrisa, un beso o un abrazo.

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¿Por qué creo en Dios siendo médico? Porque Dios es Amor. Aquí es donde Dios y la Medicina se unieron en mi vida. Y como médico comprendí que aunque el Amor no haya sido ni será jamás una ciencia, puede demostrase a través de la experiencia.

Manuel J. Rangel

 

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