Los frenazos de la vida y las reparaciones del alma

Nos pasamos la vida serpenteando el camino, pero hay curvas excesivamente cerradas que originan frenazos en seco que como si de un vehículo se tratase, desploma y dispara al aire cada una de las partes de tu ser. Parón en seco que desquebraja el alma y paraliza tu reloj mientras el universo sigue su giro. Todo esto sucede cuando nos salimos de la órbita del bienestar biopsicosocial.

A pesar de la brusquedad de estas palabras, esos momentos de zarandeo pueden ser experiencias ricas y únicas para aprender y reorganizar el sistema de valores. No obstante, son diversas las fases que irán marcando el retomar de los pasos. En un primer instante, te sientes perdida, sin saber el lugar exacto en el que te encuentras del camino y sin reconocer que tus piezas han salido disparadas. Sientes un vacío enorme pero aún no has tomado conciencia de que esos huecos son las consecuencias del desplome. Un día, casi sin saber el motivo que origina ese clic, vislumbras las partes desperdigadas en diferentes lugares de la cuneta de tu vida y te impulsas a levantarte, a buscarlas, analizarlas, repararlas o sustituirlas. En todo ese proceso tus manos temblorosas precisan cobrar confianza y seguridad. El aliento de esos seres que siempre estuvieron y su apoyo se hace esencial para colocar y recolocar, para dejar esa curva y retomar la marcha.

Cuando todo esto pasa, la velocidad se enlentece, hay momentos donde percibes a todas las demás personas muy por delante de dónde vas dejando tus huellas y vuelves a desconfiar de tener fuerzas para llegar a un ritmo acertado. Pero es ese mismo sentimiento de soledad, el que te brinda la posibilidad de detenerte en los detalles, de empezar a reconectar con el calor que aportan los amaneceres, de los diferentes olores y sonidos que se conjugan con los silencios, de cada una de las suaves coreografías que dibujan cada una de nuestras articulaciones, del despliegue de emociones que se esconde tras la mirada y caricias de aquellas personas que se giran para verte, que te esperan para agarrarte la mano o cogen atajos para acompañarte en este transitar.

¡No es fácil alzar un vuelo cuando las alas se han desplumado, pero estoy convencida que será toda una satisfacción conseguir llegar a alcanzar esa velocidad que fue frenada de manera inesperada!

Si miramos más allá de nuestro mapa, podremos divisar que hay personas que lo consiguieron, otras que caminan por carreteras colindantes a la nuestra y en todos los casos, solo la confianza en sentirnos capaz de ello nos ofrecerá la oportunidad de llegar a la meta y a ese bienestar físico, emocional y social.

Este texto lo dedico a todas aquellas personas que se sienten en mitad de una batalla personal para que abracen la incomodidad y confíen en que es posible pues “las neuronas espejo” favorecerán que así lo sea y desenredarán los nudos del alma.

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