Lo que la pelota esconde

La Casona de Calderón

Esta historia, como tantas otras, gira en torno a un balón de fútbol. No es él el protagonista, ni tampoco el factor diferencial, pero sí hace de nexo y núcleo de una sucesión de reconfortantes hechos. A partir de ahora sólo te pediré, lector, que te olvides de mí, que sólo escribo, y escuches a quien de verdad te habla y tiene algo de contar. A ella, Almudena.

De Barcelona, y tampoco muy aficionada al balompié, Almudena tenía nueve años cuando su vida dio un vuelco. “Me rompí el fémur por tres partes. Además, ese año era el de mi comunión, pero no la pude hacer por la escayola, que iba desde la cintura hasta el pie. Entonces, mi madre me regaló una camiseta del RCD Espanyol firmada por todos los jugadores del primer equipo, del segundo y del femenino”.

De forma paralela, ese mismo año 2010, nuestro paisano Javi López encontraba la regularidad deseada en el Espanyol B alcanzando los treinta y un encuentros disputados. “Él cuando firmó la camiseta le preguntó a mi madre que qué me había pasado”. Su atención dio pie al inicio de una relación: visitas a los entrenamientos –a los que la madre de Almudena acudía más asiduamente–, saludos al término de los mismos y preguntas por cómo evolucionaba la pierna de la joven.

“Hasta que un día se dieron los números. Javi me llamó por la noche y quedé en ir a conocerle. Fue el 3 de agosto de 2010, yo iba en silla de ruedas porque todavía no podía caminar y él me dijo que la próxima vez que fuera a verle me quería ver sin la silla de ruedas y con las muletas. Me dijo que estaba seguro de que lo iba a superar, aunque yo me veía incapaz de hacerlo”.

A pesar de que el traumatólogo advirtió de la lentitud de la recuperación, Almudena siguió machacando: “Javi confió en mí y en mi fuerza desde ese primer día, y aunque me era muy difícil conseguir estar de pie, por no fallarle lo seguí intentando. Al final lo conseguí y se puso muy contento al verme caminar con las muletas. El siguiente paso estaba claro: dejar las muletas. Entonces la propuesta de Javi fue que jugaríamos un partidillo juntos cuando estuviese recuperada. Mantuvimos el contacto permanentemente y me daba muchos ánimos. Eso me motivó mucho más para conseguirlo. Todavía recuerdo la cara de satisfacción, felicidad y orgullo que tenía cuando me vio caminar e ir corriendo hacia él”.

Tras un periplo que duró meses, Almudena consiguió librarse de obstáculos y completó su recuperación. También creció notablemente su interés por el fútbol y su admiración por Javi López, que para entonces ya tenía un hueco hecho en la primera plantilla con sesenta partidos a su espalda. “En 2012 recibí el alta y el traumatólogo que me llevaba no se creía que me hubiese recuperado al 100%, ya que en esas roturas no es lo normal. Sé que sin el apoyo de Javi no lo hubiese conseguido, sin conocerme de nada lo apostó todo por mí”.

A día de hoy, siete años más tarde, Javi López sigue siendo un apoyo para Almudena, “la relación sigue siendo súper buena, no ha cambiado nada. Sigo yendo a verle a muchos entrenamientos y hablamos de vez en cuando. Hace unos meses me operaron de la rodilla, todo a causa de una lesión que tuve jugando al fútbol hace casi cinco años, y él estuvo ahí como siempre”.

Nueve años después, los mismos que tenía Almudena cuando conoció a Javi, ambos han crecido y se han ayudado. Ella tiene un fuerte vínculo con el RCD Espanyol y él ya es una institución en su ciudad. Almudena, protagonista, y Javi López, factor diferencial, que demostró una vez más de qué pasta está hecho, dieron lugar a esta bonita relación forjada alrededor de un balón.

Elías Gutiérrez

 

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