La semana en letras

Parejo y Cañero Intermedio fijo

Durante los últimos días ha sido noticia el fallecimiento del ursaonense Manuel Maysounave Jiménez. Ha muerto a los 91 años y en Vitoria, donde residía desde los años cincuenta. El señor Maysounave, abogado, fundó el Partido Proverista, esto es, defensor de la verdad, lo que evidencia sus buenas intenciones. Sin embargo, un partido político regido por esos principios tiene poco futuro y el suyo desapareció a finales de los ochenta después de casi quince años de existencia. En Vitoria, donde ejerció la abogacía durante más de seis décadas, se le estimaba por su generosidad con los más necesitados de ayuda legal. Deja muy buen recuerdo. Su actividad se movió también en el terreno teórico. Según recoge la Auñamendi Eusko Entzoklopedia, Maysounave promovió un colectivo denominado «Escuela de Vitoria» cuyo fin era la consecución del pleno empleo en el sector industrial gracias a un intervencionismo estatal de intensidad casi utópica. Sus propuestas pueden parecer extraordinarias, poco habituales en las personas de su generación. En realidad son ideas que han formado parte de una corriente muy avanzada de pensamiento situada en paralelo a la oficial pero de manera más o menos clandestina y siempre silenciada por los principales medios. Maysounave también soñó con la creación del eje industrial Écija-Osuna-Morón, que hubiera revolucionado para bien la economía de la zona. No tengo a mi disposición las revistas de Feria de Osuna para comprobarlo, pero creo haber leído en una de ellas, quizá de finales de los años setenta, un artículo sobre este proyecto suyo. La interesante vida del señor Maysounave merece mayor atención y algún texto escrito a conciencia, más elaborado. Descanse en paz, don Manuel.

Durante la semana que ahora acaba se han recordado varios hechos importantes. Un dieciocho de diciembre de 1812 se celebró, en Cádiz precisamente, el primer sorteo extraordinario de Navidad. Desde entonces este evento llena de ilusión nuestras cabecitas cuando llegan estas fechas, para algunos desde que se ponen en venta los décimos en pleno verano. A ver si hay suerte.

Un catorce de diciembre de 1591 falleció san Juan de la Cruz, patrón de los poetas en lengua castellana y autor de poesías amorosas inolvidables para algunos. Se trata de un amor divino que admite una perfecta lectura humana, carnal. A los ojos de un lector sin formación religiosa —tan necesaria como otra cualquiera—, las vías purgativa, iluminativa y unitiva pueden interpretarse en la célebre Noche oscura del alma solo desde la materialidad, como la huida de la casa, la búsqueda del amado y el encuentro con él. Aquí tienen la composición por si no la recuerdan. Disfrútenla.

 

En una noche oscura,

con ansias, en amores inflamada,

¡oh dichosa ventura!,

salí sin ser notada

estando ya mi casa sosegada.

 

A oscuras y segura,

por la secreta escala, disfrazada,

¡oh dichosa ventura!,

a oscuras y en celada,

estando ya mi casa sosegada.

 

En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz y guía

sino la que en el corazón ardía.

 

Aquésta me guiaba

más cierto que la luz de mediodía,

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía,

en parte donde nadie parecía.

 

¡Oh noche que guiaste!

¡oh noche amable más que el alborada!

¡oh noche que juntaste

Amado con amada,

amada en el Amado transformada!

 

En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido,

y yo le regalaba,

y el ventalle de cedros aire daba.

 

El aire de la almena,

cuando yo sus cabellos esparcía,

con su mano serena

en mi cuello hería

y todos mis sentidos suspendía.

 

Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado,

cesó todo y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

 

 

Ahora, en cierta manera, sobran las palabras.

 

También durante esta semana, exactamente el día quince, hemos podido conmemorar el nacimiento del ruso-polaco Ludwik Zamenhof (1859-1917). Fue el creador del idioma esperanto, un proyecto de unión de las personas por encima de las lenguas vernáculas que recibió cierto impulso en un principio pero luego se ha visto acotado al mundo de las curiosidades, sobre todo a partir de la invasión del inglés, la lengua del imperio. Los aficionados al estudio de las lenguas quizá tengan interés en saber cómo es el esperanto. Parece tratarse de una creación a partir de los idiomas que mejor conocía Zamenhof —polaco, ruso, judeoalemán y alemán— en la que se hubieran eliminado los aspectos más arduos, las declinaciones del alemán, por ejemplo, y se hubieran reducido las complicaciones léxicas, mediante el uso de la sufijación y la prefijación propias del alemán, el ruso o el polaco, y ortográficas, gracias a la creación de un alfabeto fonético propio. Debido al lugar donde nació y creció Zamenhof, las lenguas romances parecen haber ocupado poco espacio en su idioma artificial. En cualquier caso, había estudiado latín y ese conocimiento se trasparenta en el esperanto, llamado originariamente Lingvo internacia. Para los más curiosos, he aquí el comienzo de Cien años de soledad y su traducción robótica al esperanto: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Multajn jarojn poste, antaŭ la ekzekuttrupo, kolonelo Aureliano Buendía devis memori tiun malproksiman posttagmezon, kiam lia patro kondukis lin vidi la glacion. Parece complicado, la verdad, aunque se supone que no lo es.

En cuanto a lecturas recomendables, esta semana, y con el permiso de las novedades que llenan los escaparates de las librería —no por ser nuevo algo tiene que ser bueno—, me atrevo a sugerir algún libro de cuentos de Alice Munro (Canadá, 1931). Ahora tengo en mente cuatro títulos: Demasiada felicidad, Mi vida querida, La vida de las mujeres y Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio. Cualquiera de ellos contiene amenos relatos inspirados en el mundo de las emociones y los cariños y le hará una excelente compañía durante las largas tardes de invierno.

Solo me queda desearles una feliz Navidad en familia. Cuídense.

 

Imagen: Plaza de la Virgen Blanca, Vitoria; vista parcial. (Foto de Mari Carmen Ureña).

 

Víctor Espuny

 

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