La Ruta del Oso 2 (en respuesta a ciertos comentarios)

Parejo y Cañero Intermedio fijo

Por motivos oposicionales paso últimamente mucho tiempo frente al ordenador, y para no distraerme con otro asunto que no sea el de mis obligaciones no suelo entrar en internet. Soy de los que sin ningún problema pueden pasar horas siguiendo el vuelo de una mosca, y sé que en internet puedo encontrar series antiguas de televisión, documentales, conciertos y demás vídeos que hagan pasar toda una tarde en un soplo. Pero me avisa una amiga sobre algunos comentarios escritos en respuesta a mi último artículo titulado La Ruta del Oso. Me pica la curiosidad, abro internet, pincho en la página de El Pespunte, busco los comentarios, y leo en uno de estos escritos una invitación o sugerencia a que rectifique mi postura sobre las motos y sobre la concentración motera llamada La Ruta del Oso. Y bueno.

Intentaré ser breve. Leo los comentarios, como digo, y tras la lectura me hago la siguiente pregunta: ¿En qué línea del artículo digo que no me gusten las motos? Pasados unos segundos, surge una segunda pregunta: ¿En qué momento arremeto contra las personas que subidos/as en una moto disfrutan de un paseo en compañía de otros /as moteros/as por los maravillosos caminos que atraviesan las tierras andaluzas y de otros lugares? Paso a releer mi artículo, y no encuentro respuesta a estas preguntas. O será, tal vez, puede ser, que tantas horas frente al ordenador me haga ver lo que quiero ver, y no lo que realmente está escrito, aunque fuera yo mismo quien lo escribiera. No hay más ciego que el que no quiere… Ya saben.

Sigamos. Mi artículo no fue escrito con intención de criticar ni vilipendiar La Ruta del Oso como tal, sino la irresponsabilidad de muchas personas en aquellos días de primeros años de la década de los noventa. Cuando critico la violencia en el fútbol, esos “aficionados” (en su mayoría hombres) que resguardados en un asiento de la grada llaman hijo de puta a un árbitro teniendo a su propio hijo sentado a su lado, no señalo al deporte del futbol como tal, como deporte, sino al comportamiento concreto de esas personas. Tampoco era ni es mi intención insultar a todos/as los/las moteros/as que participaban en La Ruta del Oso por aquellas fechas con sus respectivas motos en compañía de amigos/as que comparten afición por las dos ruedas (algunos en compañía de sus hijos e hijas), pero si resulta que un hombre o una mujer se sube a una moto tras pasar una tarde tomando copas y de todo lo que venga bien para dar vueltas por Osuna u otra localidad, eso no me parece amor a las motos, eso simple y llanamente es un tipo/a que debe ser sancionado/a pero ya. Y recuerden que en muchos casos tan responsables son los que se saltan las leyes a la torera, como el que jalea, el que lo permite. Y por favor, no vengan a decirme ahora con que si “eran sólo unos cuantos”, “algún cafre”, “algún imbécil” los que tomaban alcohol antes de subirse a las motos, porque eso, bajo mi punto de vista y con todos mis respetos, es difícil de creer. (Teniendo en cuenta, soy consciente de ello y no tengo la mínima intención de justificar nada, que décadas atrás la sociedad admitía o no sancionaba de forma tajante ciertos hechos, o no era tan vigilante ante ciertas acciones o aptitudes que hoy, siglo XXI, no son en absoluto permitidas.)

Por todo ello, y para dejarlo claro, no arremeto contra La Ruta del Oso como concentración motera. A lo que sí hago referencia, repito, es a que se permitiera el comportamiento irresponsable de ciertas personas. ¿O es que La Ruta del Oso disponía de seguridad para impedir que nadie tomara alcohol en aquellos días de fiesta? O quizás no hacía falta, ya que ocho de cada diez moteros lo que tomaban era zumo de melocotón, o quizás dicha seguridad estaba de guardia al lado de las motos aparcadas para que ningún/a motero/a hiciera uso de su moto tras beber un par de copas. O quizás no. Y es que, la verdad sea dicha, debo reconocerlo, ignoro totalmente cómo se organizaba el tema en aquellos años noventa. Era un niño por esas fechas, y con los ojos de aquel niño me propuse describir en un par de páginas mis recuerdos e impresiones de aquellos días. Imagino que ustedes, los de más edad, sabrán mejor sobre estas cuestiones, e incluso puedan responder a estas preguntas, a estas dudas (si lo tienen a bien, claro). Preguntas y dudas que me permito compartir con aquellos/as lectores/as de El Pespunte.

Voy terminando. Han pasado treinta años de aquellas Ruta del Oso. (Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.) Y como dije en mi anterior artículo, eran otros tiempos, y a lo largo de todos estos años, y gracias a diversos movimientos políticos, sociales y culturales, hemos creado otras formas de relacionarnos y cuidarnos entre nosotros y nosotras, sin que estos avances, por supuesto, nos hagan olvidar lo mucho que aún nos queda por trabajar en pos de una sociedad más sana, más justa. Y si regresa La Ruta del Oso a las calles de Osuna, tengo total confianza que será para bien. Para bien de sus aficionados, los moteros de Osuna y de otros lugares que vengan a reunirse con su gente, y para bien de todo/as los/las ciudadanos/as de este pueblo, pero no para que (como ha ocurrido y ocurre en no pocas ocasiones) cualquier hombre o mujer pueda llamar hijo de puta a un árbitro resguardado/a en el anonimato que ofrece una grada abarrotada de gente, y mucho menos que lo haga ante su propio hijo, o ante el hijo de otras personas.

Álvaro Jiménez Angulo

 

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