La educación en los museos

En la actualidad podemos encontrar bastantes indicios que apuntan a un crecimiento del interés hacia la comunicación intercultural por razones obvias:
– La importancia del incremento de los movimientos migratorios.
– Los contactos con personas de diferentes culturas, gracias a los medios de transporte y atendiendo a diferentes motivos: académicos, turísticos, políticos, de ocio…
– La globalización de la economía y la comunicación van aumentando la conciencia de “mundalización”.
– La globalización ha posibilitado que los organismos internacionales intervengan en conflictos nacionales e incluso regionales.
– El estado-nación está dejando de ser el principal referente político.
– Se multiplican en la geografía mundial los conflictos interculturales, que suelen tener sus causas en las dimensiones políticas, sociales o económicas de las culturas enfrentadas.
Por eso, debido a este intercambio cultural es inevitable considerar una idea de patrimonio cultural con estos mismos procesos de comunicación en torno a él:
La idea de memoria colectiva. Esta memoria se compone de una serie de bienes materiales y una serie de elementos inmateriales, que nos aportan identidad y nos definen.
La idea de contexto. Permite introducir la idea de dimensión, para alcanzar fronteras religiosas, filosóficas, artísticas, económicas y, por supuesto, comunicativas.
La idea de propiedad simbólica. Puede pertenecer simbólicamente a todos aquellos que se identifiquen con él. Así, hablamos de patrimonio intercultural, porque conecta culturas, las relacionas en torno a una identidad común para permitir la definición de un mismo contexto no necesariamente geográfico.
El concepto de patrimonio ha evolucionado de manera sustancial, y se debe de incorporar a una visión de futuro, comprender la creación cultural contemporánea, así como la participación activa de otros factores de la sociedad.
El patrimonio cultural define y caracteriza determinado contexto cultural y lo hace ideológica, filosófica, social, tecnológica y artísticamente.
Por eso cabe decir que es necesaria una educación patrimonial, acogiendo todos aquellos aspectos que son patrimonio del género humano y que nos fueron legados por las generaciones pasadas, y que ahora, por medio de la educación, queremos también legar como patrimonio a la humanidad que nos ha de suceder. Sin embargo el presente debe ser considerado parte de este patrimonio, de la educación patrimonial, más allá de los límites espacio-temporales.
Los servicios más directamente relacionados con las piezas se ofrecen en las mismas salas y presentan la ventaja de la presencia constante de las obras y su relación con ellas. Lo más habitual son las visitas guiadas en sus distintas versiones. Es el sistema más extendido para ayudar a la comprensión de las obras. Con el desarrollo de los medios audiovisuales e interactivos las posibilidades son más amplias.
Pero no todas las actividades propuestas por el museo pueden realizarse en las salas.
Las actividades que los museos ofrecen a sus visitantes y que tienen lugar en el museo, pero fuera de sus salas, en instalaciones preparadas para este fin o adecuadas para su realización, son numerosas y muy variadas. Éstas son talleres, conferencias, proyección de audiovisuales, cine, conciertos, juegos y actividades de formación como cursos, coloquios, etc. Sus objetivos pueden ir desde la directa transmisión hasta el deseo de conseguir una experiencia lúdica y sociable.
Otro servicio que el museo presta al público es la venta de publicaciones, reproducciones…, donde confluyen dos aspectos muy distintos. Por un lado, el ofrecimiento por parte de la institución a sus visitantes de unos productos que difunden e informan sobre el museo, sus colecciones, y otros temas relacionados con estas. Por otro, la posibilidad de aumentar los ingresos del museo, y en consecuencia, también sus posibilidades de desarrollo en todas sus funciones.
La apertura del museo a la sociedad ha sido progresiva. La importancia concedida en la actualidad al público, real o potencial, ha hecho aumentar enormemente los servicios, organizados en función de unos objetivos prioritarios, y cuya complejidad hace contar necesariamente con un personal cada vez más variado en su formación y habilidades.
Es poner el listón muy alto, pero espero que cuando el museo de Artes y Costumbres Populares de Osuna abra sus puertas no sea así sin más y que sea un centro de integración social y difusión educacional de nuestras raíces, costumbres y una manera de transmitir esa peculiaridad que nos hizo ser quien somos.

Claudia Pérez Catalán

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