Joyce en la Costa del Sol

Sur cuenta la vida de varios malagueños durante un día de agosto de un año sin determinar pero reciente, de principios de siglo XXI. En la contracubierta del libro se habla de 2016, pero no recuerdo haber encontrado durante la lectura ninguna fecha concreta; quizá se deduzca de alguna alusión de la que no he sido consciente. Es un día de terral, ese asfixiante aire malagueño que cuando sopla a uno le gustaría estar en el infierno para estar fresquito. El relato comienza con el descubrimiento de un moribundo tirado en un solar poco antes de amanecer y termina en la madrugada siguiente, cuando casi todos los personajes principales están ya durmiendo o intentando conciliar el sueño. A lo largo de casi quinientas páginas, durante las cuales no hay lugar para un respiro, Antonio Soler (Málaga, 1956) nos va desvelando los misterios de esa muerte y de una serie de hombres y mujeres cuyas vidas están de alguna manera conectadas, como suelen estar las de todos los habitantes de una población. Siempre hay nexos entre los barrios, da igual lo vanidosos o clasistas que sean sus vecinos. Sur consiste en un coro, no en la actuación de un solista, con la complejidad para el escritor que eso conlleva. Los puntos de vista cambian continuamente, como también lo hacen los escenarios y los registros lingüísticos. En cualquier caso, la Málaga mostrada en la narración va poco a la playa, no es la ciudad del turismo y de los tópicos costasoleños.

Su lectura no es fácil. El lector debe haber conocido con anterioridad, y haber sido capaz de disfrutar con ellos, textos de Faulkner, Joyce, Martín Santos o Juan Goytisolo, autores que parecían escribir pensando en lectores exigentes o sin pensar en los lectores en absoluto.

En Sur destaca un rentable uso del presente narrativo. Las acciones están sucediendo ahora mismo, ante nuestros ojos, y además lo hacen todas a la vez. La narración, sobre todo cuando el relato está bien avanzado, salta sin aviso de una historia a otra buscando esa simultaneidad por la que han luchado tantos novelistas: cómo narrar hechos que están ocurriendo al mismo tiempo en lugares distintos. Y Soler lo hace dosificando la información y creando suspense, pues son muchas las historias que pueden acabar mal. Una de las mayores virtudes de esta novela es dejar sembrada en el ánimo del lector la curiosidad por lo que va a pasar al día siguiente, por cómo van a acabar sus personajes, que parecen navegar en barcas de timones rotos, ingobernables. Todos son víctimas de un destino y de un pasado del que no pueden escapar.

La novela contiene pasajes antológicos, algunos de ellos de inspiración clásica. Así puede considerarse un relato negro interpolado que lleva por nombre El vampiro de la calle Molinillo, contado por la abuela del Atleta,  uno de los personajes principales, alter ego del autor. Se encuentra entre las páginas 233 y 255.

A leer, que son dos días.

 

 

Antonio Soler, Sur, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2019 (4ª ed.; la 1ª es de 2018).

 

Imagen de autor desconocido.

 

Víctor Espuny

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