Jesús y la Virgen para el Viernes Santo de 2019

La jornada del Miércoles Santo se libra como una batalla de las flores en cada uno de nuestros templos.
Claveles morados y blancos junto a liliums son dispuestos con maestría en pasos y monumentos entre el trajín de los cofrades, languideciendo la tarde por el cansancio y el nerviosismo ante los días venideros. Ha sido entonces cuando las dos hermandades de la mañana grande de Osuna aparecen con un aspecto inédito, regalando imágenes inigualables incluso antes de realizar su estación de penitencia.

Nuestro Padre Jesús Nazareno vuelve a lucir una espectacular túnica de cola, la más antigua que posee, una obra del siglo XIX que actualmente se conoce como la “túnica roja” desde que en 1929 la pasaran a un terciopelo de dicho color las monjas mercedarias del monasterio de la Encarnación. Su estilo romántico está bordado con carnosas hojas y guirnaldas en su parte inferior cuyo diseño, curiosamente, es similar al del terno del quinario de Nuestra Madre y Señora de la Quinta Angustia. Como detalle, del pasador de sus cordones pende un pequeño colgante con cuatro granates adquirido en Praga. Desde 1988 no tenemos la fortuna de contemplar esta magnífica obra del bordado por las calles de Osuna. Junto a esta importante recuperación, Jesús estrena una nueva cruz procesional, afortunadamente de una proporción adecuada al tamaño de la escultura, tallada por el ebanista Jesús Martín Ojeda, en madera de cedro de Canadá, y rematada por unos casquetes de plata dorada repujados en el taller de Orfebrería Triana, bajo diseño de Francisco Javier Sánchez de los Reyes.

Nuestra Madre y Señora de los Dolores porta su recién restaurado manto procesional, después de que durante los tres últimos años el taller de Sucesores de Elena Caro le haya devuelto su color azul original que había perdido. Por tan anhelada e importante restauración, de manera excepcional, se ha querido recrear una fotografía de 1923, año de su estreno cuándo lo diseñó el arcipreste Francisco Javier Govantes y lo bordaron las monjas clarisas del desaparecido convento de Santa Clara. Para ello, la Virgen porta la saya de seda roja tejida manualmente con hilo de oro, formando ramos florales con pámpanos de uvas, que entonces también estrenó y que habitualmente sólo se usa en los cultos del mes de septiembre. Esta iniciativa se encuadra dentro del programa de actos, que se viene desarrollando desde el pasado mes de enero, por el III centenario de la emisión de la patente para fundar la Orden Tercera Servita de Osuna. Completa el ajuar un importante encaje realizado mediante punto de aguja, fruto de una donación y adquirido en un anticuario. Otro estreno es el plateado de la ráfaga cuyas cogidas se han mejorado notablemente al apoyar su peso sobre el propio poyero, eliminándose, por fin, las tirantas de hierro que tenían hasta ahora.

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Antonio Morón Carmona

Fotografías: A.M. y Carlos Fernández.

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