Hace diez años yo tenía diez años

Parejo y Cañero Intermedio fijo

Hace diez años yo tenía diez años. Con esa edad se le intenta buscar una explicación a muchas cosas y luego se hacen otras que no atienden a ninguna justificación. Recuerdo que ponía la televisión para ver los dibujos animados del ornitorrinco azul y los dos hermanos cabezones o como Messi les destrozaba las caderas a los defensas del Zaragoza.

En aquellos momentos para mí, la política era una cosa que pasaba de soslayo, un castigo o una penitencia que había que cumplir a la hora de comer cuando mis padres ponían las noticias. Cuando eres chico, la política se resume en recopilar ideas que le escuchas a tus familiares y profesores e irlas almacenando como verdades absolutas, en un juego de buenos y malos en los que los que conforman tu círculo cercano son los que llevan la razón y los que defienden postulados distintos son unos bichos raros a los que, al estar lejos, repudias y compadeces.

Ese es uno de los principales problemas de la sociedad actual, y es que no solo nos hemos empeñado en que los niños crezcan ya tremendamente politizados y con unas ideas preconcebidas que resultan casi inamovibles, sino que la política, esa que en mi infancia se me antojaba seria y tremendamente importante, ha ido degenerando y se ha sometido a un proceso de infantilización que nos ha llevado a donde estamos hoy. Una especie de crisis de los cuarenta en la que los políticos y los ciudadanos juegan a comportarse como críos; protagonizando peleas de colegio, militando en partidos como si fuesen equipos de fútbol y montando pataletas cuando saben que no llevan razón.

Cuando vas creciendo y eres un adolescente te vas interesando más por lo que ocurre, y lo que antes te parecía infumable ahora empieza a levantarte curiosidad. En esa época en la que -se supone- que ya eres capaz de articular pensamientos propios, son la familia, las lecturas, los ambientes y las amistades los que hacen que se vaya formando una personalidad y una opinión. Es aquí cuando se dividen los caminos de la juventud. Está el que opta por una especie de lealtad maniqueísta por todo lo que le rodea y que hace suyas las premisas y las ideas de sus allegados al ver que no les ha ido mal en la vida defendiendo lo que defienden, una opción totalmente entendible y legítima, y otra que apuesta por cuestionarlo todo y peregrina por un desierto de encontronazos y dilemas en busca de una verdad absoluta que nunca se acaba encontrando. En mi casa, mis padres aguantaron y siguen aguantando la segunda con paciencia infinita. Gracias a Dios nunca han tenido reparos en debatir y darme su punto de vista de la mejor manera que se puede dar; sin imposiciones.

Mi generación ha ido creciendo al calor de una política convulsa. De Zapatero no llego a tener ningún recuerdo sólido, lo que sí tengo grabado es aquella acampada que ocurrió un año después de que España ganara el Mundial y que, visto lo visto cambió el rumbo de la política española. Hemos visto llegar a un tipo con coleta a los platós de televisión y dejar en evidencia a todos los tertulianos experimentados, lo vimos montar su partido, entrar al Congreso en chaquetón y camisa y llegar a la Moncloa en vaqueros, todo ello en apenas siete años. Hemos visto crecer y morir a Ciudadanos, nacer a Vox, caer a Rajoy. El 1 de octubre, el Falcon, la moción, Gürtel, ERES, Galapagar, tesis plagiadas, Sánchez, Redondo y un sinfín de acontecimientos que podríamos enumerar hasta llegar a Murcia.

Para nosotros, todo cambió aquel 15-M. Vivimos los últimos coletazos del bipartidismo y nos acostumbramos a eso que para algunos se llamó la “nueva política” y que para nosotros simplemente fue “la política”. Por eso, me hace gracia que se le quiera quitar importancia a que Pablo Iglesias se haya quitado la coleta. Ese corte de pelo significa el fin de un ciclo, la eliminación del símbolo que marcó una generación, el adiós a la seña de identidad del líder que cambió la manera de hacer política. No se mientan, por mucho asco que le tengan a Pablo Iglesias deben asumir que será un personaje que se estudiará, porque él y su coleta son parte de la historia de nuestro país.

Santi Gigliotti
Twitter: @santigigliotti
Fotografía: Unsplash.

 

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