Felisa Pérez cumple hoy 100 años en Osuna

Un 26 de febrero de 1920 nació en Osuna Felisa Pérez Maldonado. Hoy, 100 años después, los va a festejar en la Residencia Claros junto a sus compañeros y todos los trabajadores.

Lúcida, sonriente y con muchas ganas de vivir, nos comenta con mucha gracia que no tiene dolores. El secreto de su eterna juventud dice que está “en comer, andar mucho y trabajar mucho”.

Su vida laboral, a la que hace referencia constantemente, transcurrió principalmente en el campo, “trabajando de sol a sol y durmiendo allí mismo”. Ha trabajado en la aceituna, “segando y sembrando garbanzos con los mulos que llevaban los gañanes, segando habas, maíz”, pero recuerda con dureza la siega de arvejas, “que después había que llevar a la era»…

También hizo capazos y trabajó en dos casas “aljofifando de rodillas con las aljofifas que hacíamos con la mitad de un saco y que había que domarlos limpiando mucho”.

Cada mañana, cuando Felisa se levanta, se asea con ayudas de las enfermeras, desayuna un café con leche y una tostada con aceite y después se va a dar un paseo sola por las calles de Osuna que dura casi dos horas con ayuda de un andador. Pero ese andador sólo lo usa para la calle.

Su hijo vive en Barcelona y le pidió que se fuera con él. Felisa accedió. Nos comenta que se ponía a limpiar la puerta y allí nadie le respondía cuando ella saludaba: “a mí no me gustó nada aquello”.

Y, tras un mes, se vino para Osuna. Sonríe cuando se le pregunta por su juventud. Aprendió a leer y a escribir, pero confiesa que se le ha olvidado, todo acrecentado porque “la vista no me alcanza”.

Traviesilla de joven, se vuelve loca con los guisos de papas y nos habla de su noviazgo, su boda en la iglesia de Consolación y su corto matrimonio, tras el repentino fallecimiento de su marido por el “dolor del miserere”.

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“¿Quién me iba a decir a mí que iba a llegar a los 100 años?” Cuando vemos la elasticidad que tiene mientras hace ejercicios físicos de estiramiento variados y transporta sillas casi con la misma soltura con las que llevaría en su tiempo los bancos de las aceitunas, nos comenta que hoy pedirá al soplar las velas la misma petición que le comentó al sacerdote Antonio Raúl Moreno hace unos días cuando le preguntó qué le pedía a Dios: “dos o tres añitos más así sin enfermedades”.

Tras conversaciones sobre el carnaval y la guerra, Felisa Pérez Maldonado se va para sus talleres de gimnasia y de memoria con la satisfacción de haber llegado a las tres cifras con una alegría contagiable.

¡Felicidades, Felisa!

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