Volver a ser como niños

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Durante las Cruzadas, los soldados musulmanes entraban en la Basílica de la Natividad montados a caballo y arrasaban con la vida de los fieles. Por ese motivo se tapió la majestuosa puerta principal, dejando sólo una entrada de poco más de un metro de altura. Ya nunca más se agrandó la puerta. Quienes quieran entrar en la cueva donde nació Jesús deben agacharse y hacerse como niños.

La Navidad que termina ha sido una hermosa ocasión para mirar dentro de nuestro corazón y volver así a la patria de todos los niños. Sólo desde ese hondón de ilusión y ternura volverá a irradiar nuestra luz. Volveremos a brillar.

Pero conviene no olvidar que las personas brillantes son reconocidas en público por lo que hacen en privado. Es algo que el príncipe Harry nos recordó hace muy poco durante un discurso en memoria de su madre, la princesa Diana:

“Una de las cosas que nuestra madre nos enseñó fue el valor de hacer buenas acciones cuando nadie está mirando. Ella visitaba hospitales en las noches para confortar a los pacientes, pasaba horas escribiendo cartas privadas para apoyar el trabajo de otros. Logró muchas cosas con la fama, pero trabajaba igual de duro cuando no estaban las cámaras”.

El hijo pequeño de Lady Di reconocía también que no guardaba muchos recuerdos de ella durante la infancia. En cambio, aquello sí le había marcado para siempre. ¿Sabes por qué? Porque los hijos sólo aprenden el 30% de nuestras enseñanzas, mientras que retienen el 70% de nuestros ejemplos más luminosos.

A Jorge Bucay le encanta ilustrarlo con una historia. Habla de un padre que reprende a su hijo porque le mintió. A renglón seguido, sonó el teléfono de casa con un teleoperador que pretendía venderle un seguro. El niño descuelga el teléfono y le cuenta al padre de qué se trata, pero el padre le dice muy bajito: “Dile que no estoy”. Es sin duda en lo pequeño donde fraguamos de verdad las grandes cosas.

Para que irrumpa de nuevo nuestra luz, sería bueno recordar tres cosas:

  • Necesitamos estar en contacto con nosotros mismos y habitar el hondón donde vive nuestro niño.
  • Hay que brillar cuando nadie te mira.
  • No basta con hablar de la luz, hay que ser luz.

Se dice que, tras adorar a Jesús, los tres magos regresaron a casa, pero por otro camino. Ojalá también nosotros volvamos mañana a nuestras ocupaciones, pero de otra manera.

¡Feliz regreso al día a día de tu única vida!

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