Siervos de María de los Dolores, 300 años en Osuna

CCC annos Servórum órdinem Osunam=300 años de la Orden Servita en Osuna; Y la Villa Ducal se llenó de fiesta. Eran las 21:45 h., aprox., cuando las puertas de la Victoria se abrían para que la Virgen de los Dolores llenase de alma en júbilo los corazones de cuantos permanecieron en su encuentro.

Si hiciéramos una estimación aproximada no seríamos capaces de calcular el grandísimo número de personas que se aglutinaron en la salida, y durante el recorrido, para ver esta salida procesional extraordinaria, pues la ocasión lo requería y la devoción a la Virgen, más aún, lo completaba. 

Tres golpes de llamador, una sonora voz dentro de la iglesia y el paso, a pulso, levantó por primera vez. Ante la mirada de la Virgen, la del Cardenal Amigo Vallejo – vaya honor -. El terno de la Virgen, la saya más antigua en su ajuar, el manto recién restaurado, el corazón de los siete puñales, el broche – regalado por la Agrup de la Encarnación-, la corona de plata y la ráfaga – también recién restaurada – hacían de una visión hacía la Virgen digna de guardar en el disco duro de nuestras retinas.

Acompañada por las Hermandades de la Parroquia – San Arcadio, Quinta Angustia y Nazareno – además del Consejo Local de HHCC de Osuna y Junta de Gobierno de la misma Hermandad, salió la Virgen «Sine Labe Concepta» al son de la maestría de la Banda de Música Maestro Tejera, con José Manuel Tristán a la dirección de la misma, bajo los sones de «Dolores» de Cristóbal López Gándara en una revirá llena de sentimiento y eternidad, pues parecía que la vida sucedía como los vaivenes de la mecía, de un costero a otro, transcurriendo nuestro devenir hasta querer que se parase el tiempo.

«Stabat Mater Dolorosa» llegó a Santo Domingo, con sones macarenos, hacía de la recepción de las Hermandades de la Parroquia un momento íntimo y peculiar, pues ello sucedió en la puerta principal de la iglesia – la de la placita es la lateral – siendo utilizada ésta misma en muy pocos eventos. Una vez que transcurría por el lateral de la plaza, cayó la lluvía más esperada, ya que centenares de pétalos se arrojaron hasta las manos y las hechuras de la Virgen. Fue ahí donde sus hijos quisieron que ella se mojase del amor que ellos le tienen.

Uno de los momentos más emocionantes fue la llegada a la Plaza Mayor, ya que como anunciamos con anterioridad, el Consejo Local de HHCC de Osuna les regaló una alfombra de sal que realizó la Agrup. de la Encarnación. En ella se podía apreciar el escudo del Consejo, el corazón con los siete puñales de la Virgen, la frase «Rezad todos los días el Santo Rosario», la «S» con el clavo – Servita – y diferentes detalles que unían la festividad con Osuna. El cortejo se fue abriendo, pues una alfombra de sal solo la puede pisar primero los pies de la Virgen, los costaleros. Otro de los momentos más esperados fue el paso de la Virgen por Tía Mariquita, histórico en la Villa Ducal. Los presentes no habíamos vivido algo igual en nuestras vidas.

El trascurrir de la procesión, con bastante celeridad, llegó hasta Consolación, tras haber visitado también la imponente fachada que la empresa ursaonense «DeArtCon» había engalanado con tantísima belleza en Arcipreste Valderrama. La recepción de las Hermandades de la Parroquia -que se realizó en la plaza- culminó con varios «vivas», tanto a la Virgen de los Dolores como a las imágenes de la Parroquia.

El susto comenzó más hacia delante porque a la altura de la Plaza Salitre comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia. Aún así la procesión fue transcurriendo, con más celeridad aún, pero deteniéndose en el Convento de Padres Carmelitas, donde esperaban las Hermandades que residen allí. La Salve no se pudo finalizar, ya que la lluvia comenzó a apretar con más fuerza, sin llegar a arreciar por completo.

«Rocío» sonaba por la engalanada calle Cristo cuando la Junta decidió arriar el paso, quitarle la corona a la Virgen y colocarle el plástico que cubre a la imagen y al manto bordado para que, instantes después, desde una sola y magnífica chicotá se llevara el paso desde la mitad de la calle citada, subiendo por San Pedro hasta la misma puerta de la Victoria sin parar, algo que se recibió con aplausos por el público que continuaba abarrotando las calles, como nunca.

Al llegar a la Victoria la lluvia ya había parado y la Hermandad decidió que la Virgen tenía que entrar con las galas de Reina y grandeza con las que salió a la calle, pues los últimos pasos de la procesión serían de gloria. Se arrió el paso, se le quitó el plástico, se le puso la corona – momento en el que también se aplaudió con fuerzas – y con la candelería aún encendida al completo, a pesar de las gotas que arreciaron, la procesión continuó con tranquilidad para finalizar con alegría.

Una vez en el interior de la Parroquia sonó la marcha esperada, sonó «La Madrugá» de Abel Moreno, pues era la asignada para la entrada de la Virgen. Con lágrimas en los ojos de algunas personas presentes y sonrisa, por haber finalizado un día histórico, en el rostro de otras personas, finalizaba la procesión que, repetimos, será digna de guardar en el disco duro de nuestras retinas para la eternidad.

 

 

Nuestros compañeros gráficos Manuel Ortega y Pablo Ruiz realizaron estas imágenes de aquellos momentos:

Comenta con Facebook

Noticias Relacionadas