Segundo Domingo de Adviento

En el día de hoy, 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Dogma católico en el que defendemos que la Virgen fue concebida sin pecado original, hacemos extensible el evangelio para aquellas personas que no hayan podido asistir a Misa continuando con nuestro encendido de la Corona de Adviento:

«Mateo 3:1-12
1 Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
2 «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.»
3 Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
4 Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre.
5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,
6 y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
7 Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?
8 Dad, pues, fruto digno de conversión,
9 y no creáis que basta con decir en vuestro interior: «Tenemos por padre a Abraham»; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
11 Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
12 En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»»

Reflexión (D. Raúl Moreno Enríquez, párroco de La Victoria – Osuna -):

Hoy celebramos el segundo domingo de Adviento, con la virtud y la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres en previsión del nacimiento y de la muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el mismo primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. Fue el papa Pio IX en 1854, en este mismo día, cuando la definió como verdad dogmática por antigua tradición.

De ahí que en este día en que rompemos el Adviento con esta fiesta maravillosa se tenga como motor esencial la Inmaculada Concepción de María. Donde toda la creación hace alusión directa a las palabras de Lucas cuando nos insta a tenerla por Bienaventurada de generación en generación.

La hostilidad del mundo se ve truncada por la vitalidad de una mujer, que, siendo pobre y humilde, dio a luz al proyecto salvífico de Dios, como así se aprecia en el génesis. Todo un trayecto el que se vive con este ejemplo que nos recuerda que el hombre no solo sirve para destruir, sino que, si se deja actuar por Dios, su creador, se convierte en continuador del misterio trazado desde antiguo para la salvación de todo el género Humano, como nos recuerda la segunda lectura. Es el evangelio donde se aprecia aún más claramente que nuestros planes no son los planes del Dios: los nuestros nos llevan a la perdición y sin embargo los de Dios nos llevan a la Vida.

Es por ello por lo que nos podemos plantear si en mi interior está Dios ¿por qué surge el mal en mi y desde mi hacia los demás?

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