OSUNA Y EL ORIGEN DE VESTIR A LA VIRGEN

Artículo de investigación de Antonio Márquez

El legado artístico y cultural que la familia Téllez-Girón ha dejado Osuna es inmensurable. Este se extiende desde los diferentes conventos que ha poseído y posee esta Villa, pasando por la magnífica Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción, hasta la Universidad de la Inmaculada Concepción, la joya de la corona cuyo recuerdo se mantiene vivo hoy en día gracias a la Escuela Universitaria de Osuna, heredera indiscutible de la misma. Todo esto situó a Osuna como uno de los grandes centros culturales de la Andalucía del siglo XVI. Pero este legado transcendió las fronteras ursaonenses, llegando incluso al ámbito de la piedad popular y, por consiguiente, al de las hermandades y cofradías. Fue uno de los miembros de esta familia, doña María de la Cueva, quien inició una de las grandes tradiciones de estas: la de vestir las imágenes de la Virgen María.

Pero vayamos por partes. ¿Quién fue doña María de la Cueva y cuál fue su papel en todo esto? María de la Cueva y Álvarez de Toledo nació en 1490, siendo hija de los duques de Albuquerque. En el año 1536 se casa con Juan Téllez-Girón, IV conde de Ureña y Señor de Osuna desde hacía al menos unos cinco años. Los grandes conocimientos del conde en el campo de las artes y las letras, así como su gusto por las mismas, hicieron que el matrimonio quisiera enriquecer el patrimonio de su lugar de residencia: la Villa de Osuna. Es entonces cuando nacen todos los edificios e instituciones mencionados anteriormente. Cuando en 1558 muere el conde, su único hijo varón, Pedro Téllez-Girón, heredó sus títulos, siendo este el futuro I duque de Osuna. Tras enviudar, la condesa se marcha de Osuna, para al poco tiempo entrar en la corte real como camarera mayor de la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II.

Según la tradición, es entonces cuando la condesa inicia el arte de vestir a la Santísima Virgen. Su confesor, fray Diego de Valbuena, y el fraile Simón Ruiz, tenían intención de pedirle a la reina que les cediera un cuadro donde se representaban la Soledad de la Virgen al pie de la Cruz para su convento de la Victoria de Madrid. Por ello, acudieron a María de la Cueva, quien teniendo en cuenta el gran apego que le tenía la monarca, les aconsejó que en lugar de solicitarlo hicieran una copia. Fray Simón sugirió entonces que en lugar de hacer otro cuadro se hiciera una talla de la Virgen imitando a la representada en el lienzo. La idea gusta a la reina y su camarera, encargándose la obra al escultor Gaspar de Becerra. Este tuvo que repetir la obra hasta en tres ocasiones, hasta que finalmente fue del gusto de la reina.

Una vez hecha la talla, llegó la hora de ataviar la imagen. Fue entonces cuando, según nos cuenta la tradición, doña María de la Cueva pronunció esta frase:

Este misterio de la Soledad de la Virgen parece cosa de viudas, y si pudiese vestir como viuda de la manera en que yo ando me gustaría tener parte en esto y poder servir a Nuestra Señora con un vestido y tocas mías.

Siguiendo el consejo del Concilio de Trento, que indicaba que las imágenes sagradas debían buscar el realismo para conectar con el devoto, se aceptó vestir a la Virgen de la Soledad a la forma de las viudas castellanas de la época. Esta vestimenta contaba con varias prendas. La ropa interior se componía de una camisa que cubría todo el cuerpo y sobre las que se colocaban tres o cuatro enaguas con volantes. Sobre estos se colocaba el verdugado, que consistía en una falda con aros rígidos que daba una silueta cónica, y el manteo, que era otra especie de falda. Todas estas prendas se cubrían con el monjil, que es el vestido propiamente dicho. Después se colocaban las tocas, que eran más cortas en sus inicios, mientras que en el siglo XVII empiezan a sobrepasar de la cintura. Finalmente, se añadía un largo manto negro.

Esta vestimenta acabó calando entre los fieles, ya que el pueblo podía identificar fácilmente el luto de María y lo veía como una forma de acercamiento con ella. Por ello, el uso de imágenes de vestir y esta forma de ataviarlas se extendió rápidamente por toda la geografía española. De hecho, aunque en Andalucía se haya perdido, en otras zonas como Castilla y León aún perdura el uso de estas prendas para vestir a las imágenes.

Si es reseñable, que en los últimos años son muchos los estudiosos que han puesto en tela de juicio la tradición de doña María de la Cueva y la Soledad de Madrid. Algunos, como Javier Prieto, nos hablan de la posible existencia de imágenes de vestir anteriores a la madrileña, al hecho de que en la pintura flamenca ya estaba bastante extendido el uso del luto en las representaciones marianas o incluso de que la propia reina y su camarera no se encontraran en Madrid cuando ocurren los hechos anteriormente descrito. Para esto último hay que tener en cuenta que el relato donde se describe la hechura de la Virgen de la Soledad y la elección de su vestimenta es una obra de fray Antonio Ares del año 1640, por lo que fue escrito 75 años después de los acontecimientos que narra. Por tanto, es comprensible que existan ciertas licencias o recreaciones que den lugar a estas inverosimilitudes.

Sea como fuese, lo único cierto y seguro es que la Soledad de Madrid fue el icono de referencia que expande esta costumbre. Una costumbre que puede que haya cambiado con el paso de los siglos, pero que históricamente siempre ha estado ligado a la condesa doña María de la Cueva y, por consiguiente, a la villa de Osuna.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Merino, E. F. (2013). La Virgen de Luto: indumentaria de las dolorosas castellanas. Madrid, España: Visión Libros.
  • Prieto, J. (2013, 20 septiembre). El traje de la condesa viuda de Ureña: realidad y mito en el origen de la imagen de la Soledad de la Victoria. Recuperado 3 de noviembre de 2020, de https://www.lahornacina.com/articulosmadrid5.htm
  • Sánchez Rico, J. I., Bejarano Ruiz, A., & Romanov López-Alonso, J. (2015). Imago Mariae: el arte de vestir Vírgenes. Sevilla, España: Jirones de Azul.
  • Santos Márquez, A. J. (s. f.). Patrocinio y mecenazgo de don Juan Téllez Girón, IV conde de Ureña, en Osuna. Recuperado 3 de noviembre de 2020, de https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/18086/file_1.pdf?sequence=1
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