“Misericordia Señor hemos pecado”

Esta frase del salmo Responsorial resume todas las lecturas del día de hoy. Aunque pensándolo bien, incluso resume nuestra acción de conversión en esta cuaresma. El que no pide perdón, el que no reconoce que se equivocó, el que se siente fuerte y poderoso porque piensa que está por encima del bien y del mal, al que le falta la humildad y la valentía para reconocer que es pecador y dañó a otras personas, a aquello que nos rodea o incluso a si mismo… esa persona no vive, ni respira en la misma esfera de Dios.                                                

La cuaresma es un tiempo de dolerse por el mal cometido, de arrepentimiento, pero aunque parece que todo se tiñe de un tono gris, tan gris como la ceniza que hoy ponemos en nuestra frente, es un tiempo al que podemos llamar de primavera. Es un tiempo primaveral, porque estamos en plena poda de aquellas acciones, pensamientos, omisiones, palabras, que nos alejan de Dios y rompen la armonía con los que nos rodean. Cuando todas estas deformaciones se corten de nuestro árbol, podrá salir con mucha más fuerza todo aquello bueno que nuestro creador puso en nuestro corazón. 
El profeta Joel lo indica a la perfección: “No os rasguéis las vestiduras, sino el corazón”. Ya vimos de que son capaces aquellos que se rasgan las vestiduras, aquellos que no les importa ni la justicia, ni la verdad, solo poder seguir con su chiringuito bien montado. Seguramente Joel le habría dicho esto mismo a Caifás, cuando en la noche que prendieron a Jesús, como si todo un actor se tratase, protagonizara aquella escena donde se rajaba las vestiduras, y encima lo que es peor, en el nombre de Dios. Qué pena que solo se quedara rajando en las vestiduras y no continuará con lo más profundo de su ser.              

Nosotros corremos este riesgo también. ¡Que nadie se crea a salvo! Todos caemos en señalar a los demás, en actuar exageradamente para intentar quedar muy bien, para que todos nos señalen indicando lo bueno que somos… “vanidad de vanidades, dice el Señor, todo es vanidad”…pero para Dios lo mismo da que te rasgues las vestiduras, que no comas carne, que realices muchos ayunos y abstinencias, cuando machacas al que tienes al lado. Una acción de ofrecimiento a Dios, y otra contra un hermano, es incompatible en el propio razonamiento cristiano.                        

Decía el filósofo Emmanuel Mounier describiendo al burgués Occidental: “Un tipo de hombre absolutamente vacío de todo misterio, del sentido del ser y del sentido del amor, del sufrimiento y de la alegría, dedicado a la felicidad y a la seguridad; barnizado en las zonas más altas con una capa de cortesía, de buen humor y virtud de raza; por abajo, emparedado entre la lectura somnolienta del periódico, las reivindicaciones profesionales o el aburrimiento de los domingos y la obsesión por figurar”. Como vemos en 2000 años poco ha cambiado nuestra forma de ser y comportarnos, en ese estar muertos por dentro, pero para Jesús la vida es otra cosa.               

Es cierto que no es fácil deshacerse del monstruo que la propia sociedad tecnológica crea con sus aplicaciones para tenernos siempre comunicados, para sacar nuestro mejor perfil, para demostrar lo bien montada que tenemos la vida haciendo que todos nos envidien. Sí, estoy hablando de twitter, instagram, Facebook…de internet. Igual que mostramos en muchas ocasiones una vida que no tenemos, así pretendemos maquillar los pecados que cometemos. Queremos vivir triunfando, pero somos cómplices de las misarías y del hambre de muchos. Y de esa misma forma pretendemos una Iglesia a nuestra forma, una sociedad a mi imagen y una vida aparentando, como si nuestro día a día fuese un supermercado donde elegir que hago, que consumo y que o a quien desecho hoy.   

Recuerdo unas palabras de Pablo Ráez, que seguramente os acordéis de él, porque era un joven de veinte años que murió de leucemia hace no mucho tiempo, y realizo una gran campaña a favor de la concienciación de la donación de medula. Decía un mes antes de morir: “La vida se debe basar en lo básico que se necesita, y vivir en un sistema que realmente mire por cada persona y por cuidar este impresionante planeta lleno de belleza.

Tenemos que ser más felices y ver realmente lo que estamos haciendo por y para el mundo, tenemos que empezar a darnos cuenta de la importancia que tienen realmente las cosas y valorar las verdaderamente importantes. Demos más amor, primero a uno mismo y después al mundo. Hasta que no te quieres a ti mismo no puedes querer a los demás. Demos más sonrisas, demos más abrazos, demos más paz, demos la mejor versión de nosotros mismos. Demos gracias a la vida por darnos el gran lujo de poder despertarnos cada mañana, seamos más agradecidos”. Esto lo dice un joven que no tuvo miedo de mirar cara a cara a los ojos vacíos y lleno de oscuridad de la muerte. Esto lo dijo un valiente que sabía muy bien lo que decía. Es por este motivo, que hoy la ceniza nos recuerda que somos polvo y en polvo nos convertiremos, que somos poca cosa, pero que Dios nos llenó de vida y de su gracia para que seamos semejantes a él. Parece que cuando estamos cercanos a situaciones límites es cuando nos damos cuenta de nuestra pequeñez.

Que la ceniza que hoy llevareis en vuestra frente sea signo de ello. Pero recordar que Dios del polvo saco la vida, que de nuestros pecados puede crear personas nuevas con nuestra voluntad. En esta cuaresma pensad en vuestras flaquezas para que podamos en la humillación, sentir como Dios nos lleva a la exaltación.

Cristo lo ve todo mucho más sencillo, lo ve desde el corazón, desde aquello que nos une más íntimamente a Dios, en ese sagrario entre Dios y el hombre que es nuestra alma, donde no hay caretas o disfraces, donde todo es real y tal como es. ¡Dios te quiere tal como eres! ¡No aparentes más! Quédate con Dios y agrádale solo a Él, cuida de los que te rodean, y cuando te equivoques no lo intentes ocultar como hizo Caín al matar a su hermano Abel. Muéstrate tal como eres, porque para Dios no hay nada oculto.    

Que está cuaresma nos acerque más a nuestro creador, que nuestros amigos, familia o cualquier persona se sienta agusto a nuestro lado, que rezumemos amor. Y finalmente que recordemos las palabras de Jesús: “buscad el Reino De Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura”.

Que así sea.

D. José Luis López, Pbro. 

Homilía del 6 de marzo de 2019.

Miércoles de ceniza 

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