“A mí me gustaría tener un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros”

“A mí me gustaría tener un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros”

Estas palabras recibían una sonora y larga ovación, con muchas lágrimas en los ojos de l@s presentes cuando en la pasada celebración de los premios Goya en Sevilla, el actor Jesús Vidal recogía su premio como mejor actor Revelación. Este acto es una alegría no solo para el actor y su familia, también para todo un colectivo que sufre las consecuencias de no poder contar con un cuerpo al cien por cien y la discriminación que ello les supone. Pero sin embargo tienen un corazón mucho más lleno de amor, que bombea más fuerte, con una inocencia de la que el mundo de hoy carece. Tod@s muy emocionad@s por sus palabras, pero sin embargo, much@s de los presentes apoyan una ley del aborto en la que especialmente se ensaña con mayor virulencia contra estas personas con dificultades. Esas lágrimas de cocodrilo están fuera de lugar, simplemente por coherencia y elegancia con sus propias opiniones. Estamos en un mundo que solo prima la utilidad, y todo lo que no es útil, mejor es desecharlo, todo aquello que suponga un extra de atención mejor eliminarlo, así tan solo tenemos que preocuparnos de nosotros mismos y de producir más.

Hace unos años se escribía en un artículo en el periódico de El Mundo estas afirmaciones: “Si alguien deja nacer a alguien enfermo, pudiéndolo haber evitado, ese alguien debería someterse a la posibilidad, no solo de que el enfermo lo denuncie por su crimen, sino de que sea la propia sociedad, que habrá de sufragar el coste de los tratamientos, la que lo haga. Este tipo de gente averiada alza la voz histérica cada vez que se plantea la posibilidad de diseñar hijos más inteligentes, más sanos y mejores. Por el contrario ellos tratan impunemente de imponernos su particular diseño eugenésico: hijos tontos, enfermos y peores”. (Arcadi Espada, publicación del 9/5/2013 a las 9:39h. Aún sigue trabajando para el citado periódico sorprendentemente). Me gustaría saber quiénes de los que aplaudían como si no hubiese un mañana en aquella gala al dicho actor, pusieron el grito en el cielo por este artículo que avergüenza a toda la raza humana y es signo de un declive moral falto de escrúpulos. Que este valiente periodista y todos aquellos que opinan como el, que no son pocos, se lo digan a la cara a unos padres que reciben de ellos mucho más amor de lo que estos les pueden aportar. No obstante, parece que estamos envueltos en una vorágine que actúa continuamente contra la vida y un estilo de vida basado en el mensaje evangélico.

La Iglesia Católica nos dice en este respecto: “En una perspectiva de humanismo integral que la fe logra percibir más a fondo, no se puede formular la hipótesis de que Dios se “equivocó” cuando creó a un niño discapacitado. Al contrario, se debe decir que Dios lo ama personalmente, y que este niño, así conformado a Cristo sufriente, es objeto de especial ternura por su parte” (Congreso sobre la familia y la integración social de los niños discapacitados, Consejo Pontificio para la Familia y otros, Ciudad del Vaticano, 2-4 de diciembre de 1999). Numerosas son las manifestaciones a este respecto que la Iglesia predica, por ello, nadie podrá negar el especial cariño, defensa y cercanía de la Iglesia a los más necesitados. El propio papa Santo, Juan Pablo II, nos enseñó al final de su vida como la incapacidad y la enfermedad, no eliminan ni la humanidad, ni la dignidad de toda persona. También Benedicto XVI se acercó tanto a estas personas, que se apartó de la vida pontificia para vivir como uno de ellos.

La igualdad, la integración, la inclusión…actividades todas necesarias para el desarrollo de nuestra sociedad, pero si nuestras obras son distintas a nuestros pensamientos, eso tiene un nombre bíblico, fariseo. No podemos mantener el aborto, la eutanasia, la eliminación de los que tienen algunas dificultades más en su día a día o la eugenesia, porque perderemos nuestra humanidad, en un camino de degradación personal. Aún tenemos la posibilidad de encaminarnos hacia una sociedad más justa, con igualdad de oportunidades para tod@s, reconociendo la dignidad a todo ser que alienta porque así lo creo Dios, y nosotros no estamos en disposición de enmendarle la plana al Creador. Para terminar, como diría mi paisano saetero Manuel Cuevas: “son especiales porque tienen un don que no tenemos nosotros, que es la bondad. Si todos tuviéramos el síndrome Down no habría guerras, ni envidias”.

Que así sea.

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