LA HERMANDAD, COMUNIDAD EVANGELIZADORA

 

Las Hermandades y Cofradías son una parte muy importante de nuestra Archidiócesis de Sevilla. No sólo por el número de bautizados que, a través de sus muchas actividades de culto, formación y caridad, participan así de la fe de la Iglesia, sino porque además constituyen un valioso instrumento para la evangelización, para el anuncio de Jesucristo. No podemos negar que vivimos en un ambiente de secularización creciente, es decir, que la cultura en la que nos movemos es poco religiosa y bastante laicista. En este sentido, no siempre es fácil desenvolvernos como manifiestamente cristianos, ya que se tiende a menospreciar la acción de la Iglesia. Curiosamente, no ocurre exactamente lo mismo con las Hermandades, que son muy valoradas por sus procesiones y otros actos que entroncan perfectamente con la tradición de nuestros pueblos y ciudades. Esto acarrea un peligro: que seamos descritos solo por nuestra aportación folklórica y cultural (que, lógicamente, existe y es muy destacable). Pero también se convierte en una magnífica oportunidad para que las Hermandades tengan un protagonismo evangelizador que es muy necesario, incluso muy urgente.

La vida de una hermandad gira en torno a dos lugares: su sede canónica y su sede social. O casi mejor dicho: el templo y la casa de hermandad.  El templo y la casa de hermandad son lugar de encuentro con el Señor, quien en la Eucaristía se hace realmente presente y nos da el alimento de su propio Cuerpo y Sangre, que nos da la fuerza para seguir caminando, llevando cada uno nuestra Cruz, aunque el peso realmente lo lleva el Señor. También han de convertirse el templo y la casa de hermandad en una “fragua de santidad”. Así lo recogen las Orientaciones Pastorales de la Archidiócesis de Sevilla 2016-21, que en su Tercera Línea de Acción, tituladas “Potenciar el servicio evangelizador de la piedad popular”, nos marcan a los cofrades las líneas maestras por donde deben marchar nuestros proyectos y actividades. Para conservar la autenticidad de nuestras Hermandades, hemos de tener una fe fuerte, asentada sobre la roca que es Jesucristo, y de esta manera todo lo que hagamos será ocasión para anunciar el Evangelio.

 

La Hermandad debe ser una verdadera comunidad, dentro de la gran comunidad que es la parroquia, y donde los hermanos deben poder encontrar la oportunidad de realizar juntos el camino de seguimiento del Señor, mediante la oración personal y comunitaria, la vida sacramental y el compromiso con los pobres. Viviendo todo ello en el clima de amor fraterno y siempre teniendo en cuenta que el Espíritu Santo es quien nos va guiando y alentando, nuestras hermandades serán realmente evangelizadoras. El esfuerzo de las juntas de gobierno debe ir en esta dirección.

Los cofrades están llamados a acoger con ilusión la responsabilidad de ser, como miembros de una comunidad cristiana que lleva el exigente nombre de hermandad, instrumentos de Dios al servicio de la santificación personal de los cofrades, el anuncio de la Palabra, la celebración de los misterios de Dios, el servicio de caridad al prójimo, principalmente a los más pobres, y la comunión fraterna. Y todo ello junto a la parroquia y el resto de la Archidiócesis de Sevilla. Todo esto que es exigible a cualquier buen cristiano, es mucho más exigible a un cristiano cualificado, como es el cofrade, por formar parte de una asociación de fieles erigida y aprobada por la Iglesia.

No podemos olvidar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe en el pueblo cristiano, especialmente en la familia. Esto quiere decir que también el mundo de las hermandades necesita ser evangelizado, fortaleciendo la formación cristiana de sus miembros, robusteciendo su fe, cuidando la piedad y la vida interior de los cofrades y también su amor a la Iglesia. Sin este fundamento, la piedad popular se queda en puro folklore o mero acto social, reducida a tradición, cultura y fiesta. Siendo acontecimientos fundamentalmente religiosos, despojándolos del atuendo que les es propio se tornan en ocasiones compatibles con creencias y, sobre todo, con actitudes y praxis contrarias a la fe cristiana, algo que a toda costa debemos evitar.

Como, a pesar de la ilusión que ponemos, esta gran obra supera nuestras humanas fuerzas, nos encomendamos al Señor para que sea la luz de nuestro camino y nos bendiga. E imploramos la intercesión de la Stma. Virgen María, para que todos estos buenos propósitos se conviertan en realidad.

D. Marcelino Manzano Vilches
Delegado Diócesano de Hermandades y Cofradías de la Archidiócesis de Sevilla

Comenta con Facebook

Noticias Relacionadas