FEVOR Y RECOGIMIENTO EN EL BARRIO DE LOS ESPARTEROS.

Pasados dos minutos de las 8 comenzó la Misa de Hermandad en el Convento de San Pedro con el canto de las coplas al Señor de la Humildad, Misa oficiada por los Padres Carmelitas con celeridad para no retrasar en exceso el inicio del rezo del Vía Crucis que la Hermandad de la Humildad lleva rezando a su primitivo titular desde el año 2000.

Pasadas las 20:30 horas el cortejo se formaba en el interior del Convento de las Madres Carmelitas las cuales rezaban la primera estación de este rezo que la Hermandad tiene para con su titular cada noche de lunes santo.

El sol nos iluminaba en su magnificencia cuando al salir la imagen del Señor de los cantillos tomaba la Plaza Juan XXIII, conocida popularmente como plaza de San Pedro, que estaba atestada de público que respetuosamente guardó silencio cuando las andas del Señor comenzaba a caminar buscando la calle Cristo, a los sones de nuevo de las coplas dedicadas al Señor, pero esta vez a cargo de la Capilla Musical “Musica Santic” que, justo a continuación, acometía el motete dedicado a la Hermandad llamado “Humildad” que compuso el autor ursaonense Francisco Manuel Sánchez Aguilar.

El rezo de las estaciones se iba sucediendo una tras otras mientras el Señor avanzaba por  Cristo, Sor Ángela, con un momento de especial emoción cuando Ntro. Padre Jesús de la Humildad y Paciencia visitó la casa de las Hermanas de la Cruz para que en su interior se rezara nuevamente.

A partir de ahí, el Señor recorría las calles de su barrio, Esparteros, Sosa, Las Prensas, Mancilla y alcanzar el Convento de los Padres Carmelitas subiendo la calle Carmen desde la Plaza Salitre.

Pero con la llegada a su templo no acabo todo, en el interior se procedió a rezar a las últimas estaciones frente al Simpecado de la Hermandad del Rocío, ante el paso de misterio de la Hermandad y ante la imagen de Nuestra Señora de la Soledad y terminar con la última estación del Vía Crucis ante la imagen de la Santísima Virgen del Carmen.

Sin solución de continuidad y en una maniobra medida, los 12 hombres que portaban las andas del Señor, lo posaron en el interior de su capilla donde ya recibe el cariño y la veneración de todos los fieles que se acercan a rezarle todos los días del año.

Un rezo del Vía Crucis cargado de fervor y devoción que los pellejos dedican a su primitivo titular.

 

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