ESPLENDOR EN EL DOMINGO DE RAMOS

Dijo una vez un hombre que el Domingo de Ramos existe porque es la manera más Dulce de comenzar a escribir la Pasión. Así es como Osuna lo defiende. Así es como la Hermandad del Dulce Nombre lo demuestra.

A las 5 de la tarde, los Rayos de Sol tocaron las puertas de la Iglesia de Santo Domingo dando paso a una Cruz unida pequeños nazarenos custodiaban “al más grande de ellos”. El “Niño Perdido” fue felizmente hallado con una nueva túnica, bordada en aplicación y tono burdeos, que ha sido donada por un hermano anónimo, llenó aun más de color la plaza de Santo Domingo. Su paso estrenaba también malla dorada para la canastilla, así como un suelo decorativo en la base de la mesa del paso. En él, podía observarse un marmoleado en blanco con una cenefa en el perímetro además del escudo de la hermandad y el escudo dominico. Dos escoltas de excepción para una Sagrada Imagen Titular históricamente vinculada a Santo Domingo y su orden.

Tras él , procesionó el paso de la Entrada Triunfal en Jerusalén. Este año, el Señor portaba vestiduras de hebreo que sin lugar a dudas han impregnado de realismo y cercanía su Imagen. La talla de la canastilla ha gozado de nuevos y virtuosos avances que, sin duda, alimentan el deseo y el sueño de ver finalizada la obra de arte que ya es este paso.

Nuestra Señora de los Desamparados paseó por nuestras calles con saya azul marino y toca de sobremanto. Pocos metros había avanzado tras su salida cuando una lluvia de pétalos cayó sobre la Reina del Domingo de Ramos. Una imagen maravillosamente acompañada por la voz de su capataz , José Antonio Herrera Bejarano, y los acordes de la Banda de Música Villa de Osuna.

En la plaza Mayor, una multitud de ursaonenses esperaba con anhelo la majestuosa llegada a carrera oficial. Y la hermandad supo responder a este anhelo con la belleza de su Estación de Penitencia. Cuando sonaba la A. M. Virgen de la esperanza de Alcalá la real, sonaban al mismo tiempo las palabras, las órdenes y los nombres de los costaleros que nacían de la boca de Silverio Ortiz.

Y llegó la calle la compañía, llegó la calle Gordillo, y con ellas… con su “revirá”… llegó el romanticismo. Las aceras estrechas no eran capaces soportar a tantos corazones mirando de cara a Nuestra Señora de los Desamparados.

Luis Enrique Ruiz demostró la hermosa coalición entre seriedad y juventud a la hora de ser los ojos de los costaleros del Dulce Nombre. Tanto Amor se derrochó en tan preciosa procesión que al alcanzar la calle san Pedro el pueblo aún seguía hambre de ellos. Por eso cuando la Hermandad se recogía, había tanta gente a las puertas de Santo Domingo como si de su salida se tratase

Fue un Domigo de Ramos radiante, lleno de estrenos, de juventud, de ilusión y de responsabilidad. Por ello desde estas líneas queremos felicitar y agradecer a esta querida Hermandad del Domingo de Ramos por su brillante estación de Penitencia y por el esplendor que regala a la Semana Santa de nuestra tierra.

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