“Aficionados”

Artículo de opinión de Alberto Fernández Núñez

“¡Es verdad!, ¡que tú eres un aficionado de eso!”. Con esa frase, sin maldad alguna todo sea dicho, mostró su empatía un compañero de trabajo. En su descargo diré que es de más al norte de Sierra Morena y más al sur de los Pirineos. Por lo tanto, y aunque su señora sea andaluza, conoce y sabe poco de la Semana Santa, aunque la respeta muchísimo.

¿Por qué me dijo eso? Pues bien, estábamos en una actividad de equipo y surgió la siguiente pregunta: “¿Qué quieres hacer cuando todo esto pase?”. Las compañeras y compañeros contestaban cosas del tipo viajar, ver a familiares, amigos, pero yo espeté: “Salir de nazareno”. Ante esta afirmación fue cuando mi compañero me comentó lo de la afición, no sin la reprobación general por parte del personal. Él se disculpó, pero a mí, lejos de molestarme, me hizo reflexionar: en todo lo que engloba la Semana Santa, ¿qué porcentaje es Fe, devoción, tradición y también afición?

Me confieso que, especialmente cuando era más pequeño y en mi juventud, salir vestido de nazareno era más una afición que otra cosa. Intenté vestirme en todas las que pude, pero claro, mi madre, que siempre aporta coherencia, no me dejó (incluyendo querer salir en la Madre y Maestra con su ruan, su esparto ancho y su capirote de más de un metro). Pero es que he conocido gente aficionada a sacar pasos más allá de la devoción que pudieran sentir, gente aficionada a fotografiar la Semana Santa por el hecho de hacer fotos, etc. Un sinfín de aficionados que, seguramente en un principio, empezarían por una Fe o tradición y que le cogieron el “gustillo”. Ojo que no es una crítica, porque yo soy el primero en entonar el mea culpa. Es tan sólo una llamada a la reflexión sobre cuándo una creencia se convierte en afición y si se puede dar el caso contrario (seguramente sí).

Quizá el de fuera, en su sentido más amplio, al no entender que el cosquilleo al vestir la túnica de tu hermandad o meterte debajo del paso sea suma de muchos factores, y viendo cuánta frivolidad rodea al mundo cofrade, nos categorice como aficionados. Es decir, igual que el que es aficionado a los coches, al fútbol, a la cetrería o a hacer acuarelas.

Por ello me gustaría que estos párrafos provocaran en el lector un ejercicio de introspección. Una reflexión sobre cuánto de cada ingrediente hay en su motivación para cada Semana Santa hacer lo que hace. Quizá, cuando se minimice (que no eliminar) la componente de afición en pos de la Fe, realmente se haga una Estación de Penitencia eficaz para el alma y con verdad para uno mismo.

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