Luis Rebolo: ¿Mueres por tus sueños o te mueres de sueño?

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San Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas».

Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».

Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco».

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

COMENTARIO:  ¿MUERES POR TUS SUEÑOS O TE MUERES DE SUEÑO?

Déjame que te cuente una historia. San Josemaría Escrivá iba con un grupo de jóvenes subiendo a un santuario en la cima de un monte. La cuesta cada vez era más tortuosa y alguno comenzó a resentirse. Entonces el santo les decía que aprovecharan los recodos en los que el camino les permitía ver el santuario para así coger fuerzas contemplando la meta.

Hoy el Evangelio nos enseña a mirar a la meta, a centrarnos en la meta, en ese encuentro con Cristo Esposo. La parábola nos muestra cómo se trata de un encuentro que debe llenarnos de alegría, no de temor. Es como la llegada de los aliados a los campos de concentración nazis: ellos eran recibidos por miles de hombres enjutos que salían corriendo al encuentro de los soldados para abrazarlos entre risas y bailes. Pero había otros presos que no salían alegres al encuentro de los salvadores. ¿Quiénes eran? Eran los que se habían vendido a los nazis porque perdieron la esperanza de que un día serían liberados. Esos ya no pensaban en abrazar la salvación, por eso traicionaron a sus hermanos con chivatazos, desprecios, convirtiéndose en los verdugos de sus semejantes.

La esperanza te mantiene en tensión, es decir, despierto y activo. Por eso las vírgenes sensatas no podían compartir su aceite con las necias: porque el aceite del que se habla aquí no es material, son las actitudes que nadie puede tener por ti. Sólo tú eres el responsable de vivir tu vida.

Recuerda que hay dos tipos de personas: las que toman el control de su vida y las que culpan a todos los demás de no tener la vida que desean. Los segundos no han descubierto todavía que la esperanza no es una espera pasiva o pasota. Ellos creen que esperar es cruzar los brazos mientras Dios te soluciona los problemas, pero, en realidad, esperar es hacerte cargo de tu vida poniendo manos a la obra.

Esperar es saber que ese encuentro futuro, que ese logro futuro, que ese objetivo tan deseado es mi fuerza para hoy, para vivir el presente con los cinco sentidos, sacándole todo el partido que tiene y haciendo de mi vida una vida mucho más consciente y más plena. Eso es justo lo contrario a lo que hicieron las necias… porque las cinco necias se durmieron. Son gente que tienen muchos sueños, pero no lo dan todo en el día a día… ¿y qué hacen? Terminan durmiéndose. Hay gente que se muere de sueño y hay gente que muere por sus sueños. Decía Muhammad Alí: “Entrena mientras ellos duermen, estudia mientras ellos se divierten, persiste mientras ellos descansen y vive lo que ellos sueñan”.

Por eso, tú céntrate en la meta. Es la única manera de aprender a deshacer en terrones el presente para llenarlo de Dios. Céntrate en tus objetivos y vive con pasión cada segundo de la vida que Dios te ha regalado. Es mucho mejor que morirte de sueño y sin enterarte de nada.

Luis Rebolo

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