El Rescate

En mi deambular por los medios y redes sociales he leído comentarios sobre el diferente rasero que la sociedad aplica para medir los mismos valores.

Se aprecian mucho las realizaciones de destacados personajes que actúan en diferentes escenarios de la vida pública en contraposición a quienes realizan una tarea necesaria y hecha con pericia, pero oculta a la vista de todos.

El Vestidor de Lulu

No se extrañe nadie. Los “célebres” realizan sus actuaciones en grandes escenarios, exhibiendo sus habilidades ante miles de espectadores y millones de televidentes, seguidores asiduos, incluyendo algunos fanáticos que provocan tumultuosas algaradas. Estos “célebres” dan espectáculos con éxito que son premiados con estruendosos aplausos y loas que los medios airean en páginas destacadas.

También ayuda a la fama de algunos profesionales deportivos o de los escenarios, los millonarios fichajes de unos y cuantiosos beneficios de otros, no descartando los ocasionales fraudes a la hacienda pública practicados por algunos.

Por el contrario, ese puñado de profesionales de diversas áreas que, como una piña han luchado y luchan cada vez que la sociedad lo demanda, lo hacen ocultos a la vista de público espectador, de forma desinteresada y arriesgando sus vidas por prestar una servicio a la sociedad.

Piénsese en las condiciones en que aquellos mineros llevaron a cabo su tarea de rescate. No en amplias canchas ni escenarios lujosos, sino a 70 metros de profundidad y en un cubículo de apenas una metro cuadrado. No con un balón o suntuosos trajes como herramienta. La suya era, es y será un martillo percutor para descuartizar la dura piedra. Tampoco se beneficia su generosa aportación con caros fichajes ni gruesos ingresos, sino con simples nóminas. Su compensación se ve satisfecha únicamente con la culminación de un trabajo al servicio de sus semejantes.

Cierto que sus actuaciones han sido muy reconocidas por gente de todo el país, y con generosas ayudas materiales y apoyo moral de los vecinos de Totalán, pero es como un Gracias y adiós.

Y conviene no olvidar lo que se dijo hace varios siglos: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Y aquí cada uno tiene y tendrá siempre su propio cristal para ver el mundo a su manera.

Antonio Palop Serrano

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