El placer de soñar

Parejo y Cañero Intermedio fijo

La implantación del Grado en Historia en la Escuela Universitaria de Osuna ha sido todo un éxito. Los responsables de su creación son conscientes de las especiales características de la población ursaonense para el estudio de esta rama del saber humano y satisfacen un antiguo deseo de muchos. La primera promoción comenzará su andadura el próximo otoño con la mayoría de las plazas ocupadas.

El camino no ha sido fácil. En un principio, cuando se dejó caer la noticia como globo sonda para ver qué reacciones despertaba, se alzaron numerosas voces que no veían adecuada su implantación debido a la supuesta falta de salidas profesionales que sufren las disciplinas humanísticas. De qué van a comer los licenciados, decían. De acuerdo, pensaron los responsables de su posible implantación. Podemos coincidir en que las salidas profesionales en la sociedad actual, tan utilitarista, tan creyente en el éxito económico como el único posible, son menores para las carreras de humanidades, pero eso no quita que exista un número apreciable de estudiantes que siente atracción por el conocimiento de la historia, algunos de ellos firmemente reclamados por una vocación ineludible y capaces de vivir dignamente de su trabajo. ¿Vamos a negarles a esos jóvenes la posibilidad de desarrollar sus facultades, quizá extraordinarias? ¿Vamos a dejar, pudiendo hacerlo, de implantar algún grado de humanidades en una localidad como Osuna, de centenaria tradición universitaria y dueña de un patrimonio artístico y documental como pocas, una población comparable a Noto, Úbeda, Salamanca o Santiago de Compostela, donde el paseo por sus calles es una experiencia histórico-artística en sí misma? ¿Vamos a dejar de utilizar, como precioso apoyo docente, los fondos de los archivos históricos ursaonenses, tan ricos y de tan extraordinaria continuidad? A todas estas largas preguntas retóricas, que el presidente del consejo decisorio hizo sin duda al resto de miembros, se unió después otra de más calado si cabe. ¿Vamos a contribuir, nosotros, ursaonenses, vecinos de la misma población que vio crecer y formarse al abrigo de sus bellezas monumentales vocaciones tan acendradas como las de Francisco de Osuna, Alonso Lobo, García Blanco y Rodríguez Marín —por nombrar solo a las más eminentes—, vamos a contribuir, decía, al acoso y derribo de las humanidades, al olvido de las creaciones de los espíritus más extraordinarios de la historia, las mismas que hacen posible que podamos seguir sintiéndonos personas a pesar del empuje imparable del maquinismo, la digitalización y el deshumanizador algoritmo? Una sociedad que olvide su historia, que desprecie su conocimiento, se asemejará a un individuo incapaz de recordar cómo fue su juventud o quienes fueron sus padres, no sabrá quién es ni entenderá su presente. De no implantar estudios de humanidades, nuestra sociedad, hechizada por las pantallas, su mente completamente manipulada por oscuros intereses de multinacionales ajenas a nosotros —cuyos directivos toman las decisiones que más nos afectan a miles de kilómetros de aquí—, acabará estando formada por individuos insensibles al arte, incapaces de admirar —y comprender en toda su magnitud y su misterio— la pintura de Velázquez o de emocionarse al escuchar un violín, sus miembros enfundados en profesiones que no les dejan pensar, de las que viven, sí, pero que los encorsetan para siempre, atados a la mesa de un despacho en el que solo existen números, ordenadores y mandatos que cumplir, personas que un día fueron niños y, muchos, soñaron con ser algo muy distinto de lo que son ahora, creadores, investigadores y científicos que dieran rienda suelta a sus vocaciones intelectuales, niños y niñas imaginativos, capaces de ensimismarse mirando la portada renacentista de la Colegiata dorada por la puesta de sol o la frenética actividad de la frágil hormiga.

Un acierto, desde luego, la creación de este grado, que, estoy seguro, dará muchas y nuevas glorias al estudio de las humanidades y al campo de la creación artística, de los que tan faltos están nuestro espíritu y nuestro país. Mi más sincera enhorabuena.

 

Imagen: La Colegiata de Osuna vista desde la calle Higueral. Foto de 2014.

 

Víctor Espuny

 

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