El globo de la vanidad

Parejo y Cañero Intermedio fijo

Ya estamos todos en el sitio, ya está el ecuador del inicio pasado, ya hemos metido la punta del pie para comprobar que el agua sigue igual de fría. Hemos vuelto a algún lado a donde esperábamos no volver, hemos regresado a otros donde nos ha hecho especial ilusión el reencuentro. Los espacios, las personas, la memoria. No hay sustos que duren toda la vida, ni conquistas que se esfumen en un segundo. Todo es sorprenderse para luego acabar desengañado, como un globo que infla tu vanidad para en el momento más oportuno pincharse, como la notificación de que tienes tres seguidoras nuevas que acaban por ser bots, como el gol que le hacen a tu equipo en el último minuto.

Los primeros días de clase son los mejores. Las puertas de las universidades tienen más ambiente que cualquier discoteca. La gente acude a las presentaciones de las asignaturas buscando un aliciente, una mágica arenga que les empuje a que este año sea el bueno, o simplemente, para justificarse y confirmar la excusa prefabricada que cada uno traía de casa. Yo lo llamo el síndrome Gareth Bale, los ves la primera jornada y luego desaparecen.

La Reina vino el otro día a mi universidad y no hubo clases. Se celebraban los 50 años de la facultad de Ciencias de la Información y ella acudió como antigua alumna. El día de antes, yo me sentía un rey con mi café de máquina en vaso de cartón cuando vi el recinto engalanado con alfombra roja y photocall. Pensé que no hacía falta pero que se habían portado este año con la vuelta al tajo. Luego me dijeron que era por el acto y por su majestad, y que debido a ello desgraciadamente al día siguiente no iba a estar operativa la facultad. Ortiz volvió al edificio donde estudió y regaló un día libre a los alumnos. Hay veces en que la monarquía es una hermosa metáfora, hay veces en la que siento verdadero orgullo de ser monárquico.

Entre Doña Leticia y Ayuso nos han arreglado la semana. La presidenta, perfectamente maquillada y con traje de fiesta, desde Milán después de recoger otro premio, anunció que quitaba las limitaciones horarias al ocio nocturno. Parece que cuando premian a alguien le da por ponerse generoso. La vanidad a veces tiene aires solidarios, buena prueba de ello fue la frase que soltó el actor de cine que tenemos por presidente cuando el otro día se entrevistó a sí mismo en la Moncloa: “En España hemos vacunado a todo el mundo sin preguntar qué votaban”. Todo un detalle, no sé si dar las gracias o asustarme.

Sabes que empiezan a cambiar las cosas cuando ya es legal amanecer en una discoteca y salir con el aliento apestando a whisky para que el frío y la luz de la mañana te abofeteen en la cara, sabes que algo está mutando cuando Vinicius empieza a marcar goles, cuando una promesa que parecía que nunca se iba a cumplir se convierte en realidad. Un día un colega se autoproclamó el Vinicius de la noche, porque decía que lo hacía todo bien pero que al llegar ante el arco no era capaz de definir con solvencia. Quién sabe, puede que su suerte también haya cambiado.

Sé que puede que le moleste a la presidenta, pero ojalá que el primer día que vaya de fiesta me encuentre a muchas niñas con look “pepero” que sepan perrear hasta el suelo. Seré raro, pero son las que más me gustan. Hay ganas de una buena juerga de esas que acaban en el McDonalds comiendo en silencio. Ahí es donde de verdad va a arrasar el menú McAitana, entre borrachos que sepan que es la única manera de poder juntar en una frase “comer” y “Aitana”. Así es el globo de la vanidad, siempre lo hinchamos para que se acabe desinflando.

Santi Gigliotti
Twitter: @santigigliotti
Fotografía: Unsplash.

 

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