‘El España’

Me encanta el fútbol entendido como excusa etílica, como regate a los días normales, como pase al hueco para habilitar al disloque. Me entusiasma el poder cohesionador de un esférico, ese que hace que frente a una pantalla estallen la camaradería y la empatía, el que nos reconcilia con un patriotismo ajado. Reconozco que soy muy de los personajes que florecen ante las grandes citas futbolísticas. Escuchar a un colega de los que no sabrían explicarte en qué consiste un fuera de juego teorizar sobre el potencial del extremo de la selección inglesa es algo que me cautiva.

Se opina de fútbol, como se opina de política, sentenciando sin argumentos, esperando que el que nos escucha esté menos informado que nosotros y que no ose rebatirnos, pensando que nuestros comentarios le dan cierto prestigio y aplomo a nuestra beoda figura. Todos llevamos un seleccionador nacional dentro, lo que pasa es que la decisión más importante que debemos de tomar durante el partido es si en el descanso es buen momento para cambiar a la cerveza por el cubata.

También voy a muerte con los que no tienen ni puta idea de fútbol y no se esconden, los que dicen “El España”, los que van a emborracharse y aguantan como jabatos los noventa minutos porque saben que es una de las condiciones del cachondeo. Que oye, que, si se tercia y hay otro descolgado en el bar, aprovechan para irse con él a fumar a la puerta. Ahora, si hay gol son los primeros en jalear y abrazar, son gente versátil, capaces de extraerle al fútbol lo que más les interesa; el sentimiento y la pasión, la diversión y la locura.

En nuestra selección nadie confiaba excepto ellos mismos. Luis Enrique es un provocador nato, un narciso, pero de los buenos, de los que sabe lo que hace, un tipo al que después de haberse enfrentado a los monstruos más oscuros del precipicio de la vida en su esfera personal, el ruido que le pueda causar un país entero soplándole en la nuca se la trae totalmente al pairo. El día de Croacia me alegré por él. Es muy duro confiar en tu plan cuando nadie confía, mantener sin fisuras una apuesta arriesgada. Ahora, qué gustazo cuando el tiempo te va dando la razón. Luis Enrique gustará más o menos, pero a personalidad no le gana nadie.

Morata ha sido otro de los grandes damnificados por el desencanto de la fase de grupos, la diferencia es que éltenía el apoyo incondicional de su entrenador y de Camacho y compañía. Lo de los comentaristas con Morata también pasa en mi pandilla. Cuando uno tira caña y le dan calabazas o cae un cobrazo, todos coincidimos en que estaba bien jugado y que había qué intentarlo. El fútbol es una excusa, pero muchas veces también es un reflejo de la vida. Te das cuenta de que vas creciendo a través del fútbol cuando uno de los jugadores insignia de la selección tiene un año menos que tú. Ver a Pedri hacer diabluras con el balón y escuchar que nació en el 2002 fue como quemar una etapa. Cuando eres pequeño, los jugadores de fútbol te parecen personas super adultas e inaccesibles.

A mí nuestra selección me recuerda a otro colega mío que cada vez que se le ocurre una locura se acerca a alguno y le dice: “quillo, dime que no hay huevos a…”, así se siente en el deber de acometer la salvajada. Pues así veo yo a este equipo, dispuesto a resarcirse de todas las críticas, a demostrar que son capaces de lo que nadie creía que eran, a ratificar que hay una nueva generación de grandes peloteros llamando a la puerta de la historia.

Santi Gigliotti
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