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El artista Rorro Berjano llega al Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván

Mañana sábado 19 de marzo se inaugura en La Puebla de Cazalla a las 13:00 horas el nuevo proyecto expositivo del Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván, A love Supreme, del artista Rorro Berjano.

DE LO SIMBÓLICO Y EL ENIGMA EN LA PINTURA DE RORRO BERJANO

Rorro Berjano (Mérida, 1979) se desliza desde su pintura entre el simbolismo y las iconografías de la cultura de masas, la cultura popular y las religiones, trazando un eje en cuyo vértice confluyen las claves visuales que han ido dando forma a la cultura occidental desde la Edad Media hasta estos albores del siglo XXI. De Jesucristo a Mike Tyson, de Dark Vader a Héctor Lavoe, de Goku a la Virgen de Guadalupe, de John Coltrane a Pikachu, de Satanás a Bart Simpson, de Ronnie MacDonald a Shangó.

Desde los símbolos, las fronteras entre nosotros y las cosas se difuminan, quiebran, estallan. De ahí que afirme Paul Ricoeur que “la actividad simbólica es un fenómeno fronterizo […] entre el deseo y la cultura.” Ahí se inscribe la recurrencia a los símbolos en la pintura de Rorro Berjano, que parte de una concepción del ser humano como ser simbólico. Acude así a iconos y símbolos de las religiones, la cultura popular y la cultura de masas, que acumula, reinterpreta y resignifica en sus obras, con vistas a multiplicar sus posibilidades de sentido y a ofrecer un testimonio sobre el complejo entramado simbólico de nuestro tiempo. Un tiempo en el que la vieja hegemonía de las religiones sigue en decadencia, si bien la funcionalidad de sus signos permanece en el imaginario colectivo, conviviendo con los símbolos icónicos de la cultura de masas, ahora dominantes y que han ido tejiendo nuestra cultura visual desde la segunda mitad del siglo XX. Comparten así escenario en su pintura símbolos de la sociedad de consumo (marcas deportivas, de coches, electrónicas, de telefonía, de ropa, de fast food…) con símbolos religiosos, sean del cristianismo o de los sistemas animistas afrocubanos.

El que Rorro Berjano recurra al simbolismo tiene que ver con una pérdida aparejada a lo que Mircea Eliade llama la “desacralización del mundo”, es decir, la extinción progresiva en nuestros modos de vida del enigma y el misterio, hacia los que el ser humano siente sin embargo una pulsión inevitable. De ahí el acudir frenético a partir de la modernidad a los “símbolos culturales”, que conservan ese halo de “numinosidad”, de “hechizo”, según sostiene Jung. Esta propensión hacia el enigma y el misterio puede explicar la llamativa presencia de símbolos de la muerte en sus obras, desde guadañas y machetes, a huesos, esqueletos, calaveras, crucificados… De igual modo, justifica la importante huella en su obra de Cuba, cuya cultura es un referente iconográfico e inspirador central en la obra de Rorro Berjano. Lo es especialmente desde el fenómeno del sincretismo religioso cubano, donde encuentra todo un surtidor de imágenes y símbolos desde los que invocar a la muerte, la inmortalidad, el dolor, el placer…, siempre con vistas a elevarnos a otro plano de realidad. Comparte así aquel nostálgico anhelo de las vanguardias por construir lo moderno desde lo primitivo, lo ancestral, lo telúrico.

Por otra parte, es posible que estemos en la pintura de Rorro Berjano ante una práctica del apropiacionismo, tan ligado al fenómeno del kitsch. En ese juego de apropiación, reelabora los trillados lenguajes artísticos del neoexpresionismo y del pop art, si bien torciendo la estrategia apropiacionista del pop y creando un nuevo imaginario lleno de complejidad y contradicciones, como nuestro propio mundo. La posible presencia del kitsch en la obra de Rorro Berjano apuntaría, desde su reinterpretación crítica de la cultura de masas, a la expresión de un mundo vaciado de valores, viciado de imágenes, acorralado en su posibilidad de generar sentido. En esta dirección, su pintura inyecta a la superabundancia de imágenes asociadas al kitsch postmoderno una sobredosis de ironía, viendo en la ironía, a partir de su doble carácter reflexivo y ficcional, una manera de abrir grietas en las lógicas del lenguaje domesticado. Desde ahí, apunta al falso valor moral adjudicado a los productos e iconos de la sociedad de consumo, en la que el yo define su identidad como consumidor. Es el “régimen de los simulacros” del que nos habla Baudrillard, la “transformación de la realidad en imágenes”, en lo “hiperreal”, donde el individuo trata de dar una imagen de lo que es a través de lo que consume y desarrolla así la construcción simbólica de su identidad. Sobre ese imperio de la cultura de lo hiperreal dispara sus balazos de ironía y sarcasmo crítico Rorro Berjano, restaurando con ello el valor de la tragedia y del conflicto, del enigma y el misterio.

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Desde estos frentes diversos, su obra es testimonio de su tiempo, de la era de la superabundancia acumulativa e incesante de imágenes, y del vaciamiento de sentido, a la que él responde con símbolos reelaborados y transmutados desde la pulsión visceral de su pintura, desde su lenguaje rabioso, disidente y apasionado. Ahí podemos situar la obra de Rorro Berjano, realizando una crónica del mundo postmoderno a partir de los reflujos de la historia, los residuos de símbolos y acontecimientos, y la lógica cultural del capitalismo avanzado. Opera así en ese espacio de hibridación y mestizaje, que quizás sea el más propicio para dar testimonio de este mundo tan complejo, tan impuro, tan superpoblado de imágenes, y en el que apenas quedan grietas para el enigma. Probablemente eso es lo que da pie al particular modo de comunicar de la pintura de Rorro Berjano, manteniendo al espectador perplejo ante la vaga familiaridad que transmiten sus obras, ante el misterio que encierran, ante los interrogantes que nos abren, ante los conflictos a los que nos enfrentan.

Miguel A. Rivero Gómez

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