Dos narraciones de Francisco Ayala

La Casona de Calderón

Durante su exilio en Buenos Aires, el granadino Francisco Ayala (1906-2009) publicó, entre otros trabajos, un libro de relatos titulado Los usurpadores (1949). De las narraciones que contiene, Alianza Editorial seleccionó en los años noventa dos para ser publicadas juntas en aquella curiosa colección llamada Alianza Cien, libros de muy pequeño formato que se vendían al precio de cien pesetas, más o menos el equivalente a sesenta céntimos de euro. Era una forma de poner al alcance de todos una muestra de la obra de autores importantes.

El Hechizado, la primera de ellas, cuenta el hallazgo por parte de un erudito de un manuscrito desconcertante. Este contiene el relato de las peripecias sufridas por el indio González Lobo en su venida a España a finales del siglo XVII con intención de medrar gracias al favor real. Para ello se suma al nutrido colectivo de pretendientes que empleaban su tiempo haciendo antesalas para ser recibidos por altos funcionarios que hicieran llegar al Rey su petición. La narración se asemeja al juego de las muñecas rusas pero desordenado. Al modo cervantino, existe un relato contenido en el relato principal, pero el primero solo aparece reflejado de forma discontinua y parcial. El resultado, a veces incómodo y chocante, viene a reflejar de alguna forma la vida en la corte del último de los Austrias, donde todo parece depender de un rey capitidisminuido y enfermo y de una burocracia hipertrofiada y disfuncional. Es uno más de los brillantes testimonios literarios —ahí están también a disposición del lector Carolus Rex (1963) de Ramón J. Sender y Crónica del rey pasmado (1989) de Gonzalo Torrente Ballester— imprescindibles para lograr la sensación de asistir personalmente al día a día de la corte de los llamados Austrias menores. No toda la historia se encuentra en los ensayos: la recreación, lo vivido, se refugia a menudo en la narrativa histórica de ficción, aparente incongruencia explicable por la facilidad que tienen los novelistas de poner ante nuestros ojos personas, hechos y escenarios, de hacer visible lo inmaterial.

La segunda narración, San Juan de Dios, cuenta de una forma menos enrevesada, más accesible y menos intelectual si se quiere, parte de los procesos que llevaron al portugués João de Deus a convertirse en San Juan de Dios. La acción trascurre en la ciudad de Granada en la primera mitad del siglo XVI. El relato, perfectamente circular, comienza con la descripción de una pintura cuya importancia solo será comprendida justo al final. Escrito con el mismo dominio del lenguaje —en los dos relatos tocado por el aire arcaizante tan del gusto del autor—, su lectura resulta realmente emocionante, conmoverá tanto a creyentes como a no creyentes capaces de sentir el drama humano vivido por el iniciador de esta importante red de asistencia social. Al igual que la primera, esta narración posee otra interpolada, la de los primos Amor, que acaba perfectamente engarzada en la principal.

Dos lecturas muy recomendables.

 

Francisco Ayala, El Hechizado / San Juan de Dios, Madrid, Alianza Editorial, 1993.

 

Imagen: Detalle de Carlos II (h. 1680), por Juan Carreño de Miranda (Museo del Prado).

 

Víctor Espuny

 

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