‘Despedida’ de Antonio Palop Serrano

La Casona de Calderón

Vivimos en un mundo cambiante, finito y perecedero donde lo que fue ayer no es hoy, y lo que hoy es no será mañana.

Establecido el anterior aserto como premisa podemos concluir que nada en nuestras vidas permanece y que los cambios afectan asimismo a la facultades humanas. En consecuencia, tomo conciencia de que las alteraciones a la baja en mis capacidades son ya sensiblemente perceptibles. Éstas nunca fueron brillantes, es verdad, pero me amparaban en el intento de sentirme integrado en lo que llamamos “el montón” o “el común de los mortales”.

La frescura de la memoria; la luz de la imaginación; las ideas creadoras, la fluidez de la palabra; la claridad en la composición del discurso; la firmeza de la comprensión, son capacidades en declive que no consiguen sostener ya la continuidad de mis actividades, al menos en público y en un rango medianamente digno.

Así pues, ha llegado el momento de decidir que ya es tiempo de abandonar toda actividad en estos medios, agradeciendo a El Pespunte haberse convertido en soporte de mis trabajos.

Será una despedida formal. La partida definitiva llegará cuando la naturaleza, enredada en la maraña de sus contradicciones, se doblegue a sí misma. Entonces será en silencio y sin decir adiós.

He concebido esta despedida como un homenaje a las personas que, con más o menos intimidad, habéis entrado en mi vida y, en general, a mi triple paisanaje, tanto a quienes aún estáis como a quienes ya nos abandonaron. Para ello he confeccionado un vídeo donde las imágenes son de lugares por donde el destino me ha ido llevando, con sitio para dos institutos con solera: el Rodríguez Marín y el La Rábida, ambos con fuerte fijación en mi mente.

En el instituto La Rábida, en cuyo edificio estuvo provisionalmente instalada la Normal y donde, procedente de Madrid, realicé los últimos exámenes de carrera, tuve una experiencia insólita: el cura exigía las repuestas al pie de la letra y, con el texto delante, apuntando con el dedo, leía y exclamaba: ¡no, no, no! Aquí dice…

Sorprendido y desconcertado por el inusual método, volví en septiembre con el “catecismo” aprendido. Sin embargo, mi breve paso por este instituto, culmen de mis estudios académicos, celebrado jubilosamente en una excursión a Punta Umbría, me dejó inolvidables huellas que quedaron pegadas para siempre en mis afectos.

En cuanto a mi estancia en el Rodríguez Marín de Osuna, también terminó con un desagradable incidente docente, pero vale la pena olvidarlo y quedarme con el gozoso recuerdo de otros estupendos profesores y con el de un grupo de compañeros que me honraron con el noble don de su amistad.

Dos canciones animan el vídeo. Una, “De colores”, la adoptaron algunas asociaciones religiosas como himno, pero para muchos de nosotros era un alegre canto a los amores de mocedad que encendía los jóvenes corazones. De ahí que la locución “los grandes amores”, por ser categoría universal, era sustituida por “las niñas bonitas”, que respondía a nuestro interés concreto.

La otra, “Cuando calienta el Sol”, alcanzó gran difusión en los años 60 como canción de verano, coincidiendo con una época memorable de mi vida. Ambas repiquetean con fuerza en mi recuerdo.

Para montar este vídeo he tenido que echar mano, en parte, de mi producción casera con resultado bastante chapucero. No obstante he persistido en su realización impulsado por mi pretensión de quitar murria a la despedida con el contrapunto de estas dos alegres canciones que sustentan recuerdos inmunes al olvido.

Como tema alusivo a Osuna y El Saucejo, se ofrece en El Pespunte a ursaonenses y saucejeños “De Colores”, y como opción para los amantes del recuerdo, enlace a “Cuando Calienta el Sol”.

Antonio Palop Serrano

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