Desde mi calle – Ligero de equipaje

Querido padre:

Te me has ido para siempre. Sin dolor y sin sufrimiento. Te dormiste y no despertaste. Ya solamente me quedarán tu recuerdo y tus enseñanzas. Me enseñaste a madrugar, a conocer el esfuerzo, a saber que lo único que heredamos son nuestras manos y lo que soñamos. Me enseñaste a ir en bicicleta, a dar largos paseos en primavera y a usar un taladro.

Contigo conocí tu mundo, las calles encaladas de Osuna, las noches con olor a jazmín, a mis tíos y primos, a tu gente, a tu Sevilla y a mi Betis. Me enseñaste lo profundo del flamenco y lo bello de su baile. Me trajiste a Juanito Valderrama, a Fosforito, a Camarón y a otros muchos. Fuiste un buen ejemplo para mí por tu generosidad, por tu determinación, por tu prudencia y por tanto como quisiste a mi madre. Llevaste siempre con orgullo tu origen humilde, tu ser andaluz, tu pueblo a donde volvíamos cada verano para que nos llenáramos del cariño de los nuestros. Tu compromiso con quien te vio nacer, es el compromiso que tuve  con mamá y contigo.

De ti aprendí que a unos padres hay que quererlos y respetarlos más allá de los días en que vivieron. A todos les digo que me siento muy orgulloso de ti porque saliste muy joven de tu casa para irte a cientos de kilómetros y gracias a que trabajaste durante tantos años, pude estudiar, acceder a un buen empleo y sacar adelante a mi familia. Sin ti no hubiera conseguido nada de lo que tengo, ni sería quien soy. Has sido un extraordinario ejemplo para mis hijos y para mi mujer. Estos años sin mamá, han servido para unirnos aún más, para entendernos como seres humanos. Hemos superado la relación de padre e hijo, y la hemos convertido en una amistad entre dos adultos que se respetan y que han compartido toda una vida. Te vamos a echar de menos. Te vamos a extrañar todos los días de nuestra vida.

Contigo siempre.

 

© Juan Zamora Bermudo

Twitter @gaeliadeideas

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PD: Francisco Zamora Ruíz falleció el 20 de julio de 2021, a los 85 años de edad, en una clínica de Molins de Rei (Barcelona), acompañado de los suyos. En Cataluña, vivió en Hospitalet durante 59 años y llevó su origen andaluz por la vida con orgullo y respeto.

Foto: Pixabay

 

Preguntas y respuestas

Si los pájaros te miran extrañados es que algo va a ir mal. Lo sé porque cuando mi padre salía de viaje, siempre me dejaba al cuidado de sus canarios. Me ocupaba de echarles de comer grano, lechuga fresca y cortezas de pan. Normalmente revoloteaban porque se asustaban, aunque había veces que se quedaban quietos sobre el palito de la jaula. Supe que si el canario no se movía, mi mundo peligraba. Quizás era superstición, pero para mí era algo premonitorio. Todavía me hago preguntas para las que no tengo respuestas. Tal vez si supiera volar, tendría respuestas sabiendo que no tienen preguntas.

 

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