Desde mi calle – El último viaje (1)

Parejo y Cañero Intermedio fijo

Lo recogí a las siete de la mañana del cinco de octubre de 2018. Llegaba en mi coche. Sonaba un compact de Alameda que me llevaba a un momento de mi vida en que el rock andaluz forjaba los cimientos de mi identidad y encauzaba mi rebeldía. Su mensaje me hace sentir más cerca de la tierra de mis adentros.

Asómate a tu ventana
Que amanece un nuevo día
Y las que fueron mis penas
Son causa de tu alegría

 

Frente a la boca del metro de La Florida. Allí esperaba a que llegara la hora. Seguro que llevaba un buen rato. La gente mayor es así, el reloj es para ellos un objeto de adorno y de postín. Americana y pantalón de traje, bien planchados. Maleta de diseño moderno, que a saber de dónde la había sacado. Mientras me iba acercando, veía que su figura aún recodaba el porte de un galán de los años cincuenta.

Días atrás me propuso el viaje al pueblo y no pude negarme, aunque sería mejor decir que nunca me negaría. Volver a sus orígenes para visitar a su hermano que estaba enfermo. Compartir unos momentos para hablar del presente y de lo vivido. Me sentí un privilegiado. Saber que le gustaría que yo le acompañara, era como un premio. Un premio jamás buscado. Y ahora sé que fue la mejor recompensa que pude tener de sus últimos años. A pesar de su edad, todavía tenía fuerzas para una peregrinación tan larga y a la vez tan grande. Su corazón iba a recibir una sacudida extraordinaria.

El aeropuerto de El Prat nos estaba esperando para tomar el avión de las nueve y diez. El coche lo dejamos en el parking de la terminal, para tenerlo disponible a la vuelta. De repente descubrí que mi energía era distinta a la de él, así que tuve que dejar mi tensión previa al vuelo y adaptarme a su ritmo.

El paso por el control de entrada estaba abarrotado. Él protestaba por la cantidad de gente que abarrotaba el vestíbulo de la terminal uno.

  • Quítate la chaqueta, el cinturón, lo que tengas en los bolsillos y pon el bolso en la cinta.- Le dije en pleno barullo de gente.
  • ¿El cinto pa qué?
  • Hazme caso y no preguntes. No hay tiempo para explicaciones.

Creo que nunca se había visto tan ridículo como pasando por debajo del arco, agarrándose los pantalones para que no se le cayeran. Yo me reía sin negárselo, sabiendo que las risas también serían suyas cuando aquel fastidio acabara.

Era la segunda ocasión que volaba. Los de su generación a duras penas pudieron viajar en tren. Lo del avión era cosa de familias adineradas, hasta que llegó el “low cost” y lo popularizó. Ellos siempre vivieron en un mundo que fue creciendo a su alrededor, sin que se atrevieran a salir del predio conquistado. Familias que forjaron su existencia en un castillo de pocos metros cuadrados, en un extrarradio inmenso, sin calles asfaltadas y, a veces, sin agua corriente.

Casi he olvidado lo que hablamos. Nunca reparé en que sería nuestro último viaje. Lo siento y me arrepiento. Lamento no haber grabado lo que pensaba y cómo lo vivía. Ahora sería un tesoro conservar su voz en aquellos días.

San Pablo a nuestros pies. Olor a campo. A tierra fresca. A sur y a vida. Habíamos llegado y todo empezaba a pasar. Los nervios en el estómago, las gestiones en el mostrador del alquiler de coches. Él esperaba y soñaba con ver a su hermano. Volver a pisar su terruño después de muchos años. Un momento para inmortalizar en una foto que no encuentro y que espero hallar por algún rincón de cualquier tarjeta de memoria.

©Juan Zamora Bermudo

 

Diálogos con mi amigo

A quien no entiendo es a él. No quiero que opine como yo cuando digo que los aguacates han llegado para colonizarnos. Pretendo únicamente que se pregunte qué hace para evitarlo. Todo lo que nos rodea está relacionado con el cultivo ecológico de esa maldita fruta venida de quién sabe dónde. ¿Cuándo tuvimos nosotros ensaladas con aguacate? El tomate sí es nuestro, aunque lo trajera Hernán Cortés o alguien de su calaña. Los aguacates son como el comunismo. No aspiran a cambiar el mundo, sino a transformar el nuestro, con nuestras cosas buenas y malas. ¿Verdad Boby? Deja de mirarme con cara de idiota y dime algo.

© Gaelia 2021 

Twitter: @gaeliadeideas

 

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