Desde mi calle – De coronavirus y otros allegados

La Casona de Calderón

La dieta del ayuno intermitente está de moda en este año que acaba. Gaelia la empezó a finales del verano para depurar su cuerpo y me ha dicho que los resultados empiezan a inquietarle. Se siente más fuerte, con más energía pero que tiene pavor a enfrentarse a tantas horas en blanco, sin nada que comer. Es el precio que hay que pagar para mejorar los niveles de colesterol, de glucosa en sangre y equilibrar la tensión arterial.

La Navidad se nos presenta como el  ayuno de Gaelia, con dilemas sobre si podremos estar con nuestros familiares más cercanos, con nuestros parientes y allegados. Y es que ahora nos preocupa saber qué es un allegado, más que todo lo que nos ha acarreado la enfermedad. Los miles de muertos y muertas que nos está dejando es lo de menos; lo preocupante ahora es saber qué es un allegado. Sobre la palabra han corrido ríos de tinta y cientos de horas de radio, cuando cualquier persona cabal sabe lo que es amiga, novio, allegado, compadre, pariente, simplemente conocido y demás sinónimos que puede tener una relación personal que no está ligada a la consanguinidad. Si uno invita a alguien en la cena de Nochebuena es porque o es familiar o es un allegado en todas las acepciones posible. Si alguien se desplaza a casa de su amigo a celebrarla, lo hace porque su relación y afinidad es grande. Lo demás creo que es hacer hervir la olla para llenar horas de televisión, de radio y hojas de prensa pues no tienen otra cosa de la que hablar. ¿No os pasa que a veces veis una noticia estirada como un elástico, sin motivo aparente?

Para 2021 mis deseos van a ser más bien modestos. Hay muchos gurús que dicen que la pandemia ha sido un aviso más de la naturaleza ante la acción devastadora del hombre en el planeta. Esto me ha hecho recordar aquél viejo cuento de W.W. Jacobs que leí cuando era más joven, que hablaba del poder mágico de una pata de mono disecada, a la que le podías pedir un deseo pero que si te era concedido lo era a costa de alguna desgracia. La familia que pidió el deseo de poseer doscientas libras, las obtuvo pero fue como indemnización por la muerte de su hijo. Terrible moraleja, como terrible está siendo principio de siglo. Prometo no pedir gran cosa cuando tome las uvas, no sea que tenga que pagar un precio excesivo por mi codicia; aunque quién sabe si habré empezado la dieta del ayuno y ni siquiera pruebe las uvas.

Cuídense amigos. Cuidaos los míos, no quiero que el virus se nos cuele en casa como un allegado más.

Salud y letras para 2021.

© Juan Zamora Bermudo

Twitter: @ursozamora

 

En el reino de Midas

Mientras chirrían tus arrugadas costuras de bronce, me vienen recuerdos de cuando apenas había pequeños surcos. Te veo acostada, y a veces recuerdo  tu cuerpo esbelto, tu piel de seda y tu pelo azabache. Y es que cuando perdemos juventud, ganamos vivencias. Cuando nos falla la memoria, es hora de escapar y vivir el presente. Cuando tu cuerpo no puede, tu experiencia sustituye los resortes instantáneos de antaño. Antes nuestros cuerpos eran motores de explosión y ahora son de hidrógeno y de terciopelo. Porque cuando mi cuerpo no puede, siempre estás tú que sabe cómo deshacer las arrugas de plomo y convertirlas en oro.

 

© Gaelia 2020

Twitter: @gaeliadeideas

Fotografía: Pixabay.

 

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