Desde mi calle – Viajes

Desgraciadamente el low cost me pilló ya mayor, con hipoteca y cargas familiares. Por eso no he podido viajar excesivamente, aunque los pocos viajes que he hecho, los he aprovechado. Les he sacado el jugo suficiente para poder hacerme una idea de aquellos lugares que he recorrido, no tan sólo por las calles andadas y edificios visitados, sino por el contacto con las personas que habitan el lugar de destino.

Viajar es dejar tus seguridades aparcadas durante un tiempo y aventurarse en la ilusión del laberinto, en la ilusión de lo desconocido. Una opción al alcance de todos es viajar sentado en una butaca o en el sillón, leyendo algún libro junto a una copa de vino.

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Hay muchos libros de viajes que nos embarcan hacia nuevos mundos, mundos de los que casi nunca sabemos cuál será el puerto de destino; algún día hablaré de alguno de ellos. Hay viajes que nunca se olvidan por mucho tiempo que pase y así me lo contó Gaelia mientras tomábamos café en una terraza que justamente daba al Mediterráneo y que invitaba a viajar.

Que ustedes lo disfruten.

¡Salud y letras!

Juan Zamora Bermudo

 

UNA NUEVA EXISTENCIA

Cuando iba en aquellos veranos de mi infancia a visitar a mi abuela Carmen al pueblo, siempre estaban aquellas gafas redondas de pasta sobre la vieja cómoda isabelina de la habitación de mi abuela. Eran las gafas de mi abuelo Manuel que murió durante la guerra civil y jamás pude saber por qué mi abuela conservaba en aquel lugar las gafas de su marido. Parecía como si las tuviera allí dispuestas, esperando que Manuel viera lo que sucedía en su casa desde donde quiera que estuviera.

Carmen murió en el año 1988 y mi padre y yo fuimos al pueblo para encontrarnos con toda la familia. Al volver del cementerio, mis tíos prepararon una hoguera en el corral para quemar, como era costumbre, todo el ajuar del difunto con el fin de que el humo transportase la esencia de él hacía algún lugar del universo. Cuando mi tío vio las gafas que mi abuela usaba para coser dijo «no; las gafas no» y se las guardó en el bolsillo.

Este año volví a la casa en donde ahora viven mis tíos y sobre la vieja cómoda isabelina se hallaban las gafas de Manuel y junto a éstas, las de mi abuela Carmen.

Gaelia 2002

 

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