Desde mi calle – Saltar con red digital

La Casona de Calderón

Llevo seis meses trabajando desde casa. Jamás pensé que sería capaz de aguantar tanto tiempo sin ir a la oficina; sin reuniones presenciales, sin cafés de máquina, sin menú del día, sin lunes de fútbol, sin verle la cara pica viruelas a Martínez, sin escuchar la matraca de cualquier divorciado al salir del trabajo. He tenido que acomodar un rincón de mi casa para instalar la oficina y ampliar el equipo de trabajo y las conexiones. La empresa donde trabajo llevaba dos años con el proyecto del teletrabajo y ya teníamos alguna experiencia en estar conectados a distancia, aunque la pandemia ha sido un empujón tecnológico y de adaptación para mantenernos al cien por cien, como si no pasara nada. Mi vida ha cambiado mucho para bien y para mal, aunque observo que tiene más beneficios que inconvenientes. Madrugo menos ya que no tengo que ir al centro de Barcelona, puedo comer a diario con mi familia, vivo intensamente lo que se cuece de puertas para adentro de casa, mi actividad física ha mejorado puesto que tengo más tiempo para nadar, levantar pesas o asistir a alguna clase dirigida. Lo que he perdido en estos seis meses también es mucho. La falta de contacto personal ha dejado la posibilidad de aprender de mis compañeros/as en pañales. Es muy complicado que alguien te enseñe cualquier operación nueva para ti, porque priva lo inmediato. La motivación a veces se busca y no se encuentra ante la sensación de aislamiento. La comunicación desde lo más alto de la empresa es muy necesaria para mantener la tensión y en eso me siento privilegiado porque desde las más altas esferas tenemos el “telediario” quincenal y nos informan de la marcha de del negocio, del incremento o pérdida de clientes, de las ventas, de la marcha de los nuevos proyectos y en ocasiones nos regalan alguna conferencia de algún popular epidemiólogo, de alguna persona experta en charlas de motivación y este tipo de cosas nos ayuda a seguir en la brecha y superar los pequeños baches anímicos. Aparte, no tener hijos en edad escolar, como es mi caso, es una bendición divina porque hay compañeros/as que dicen que están pasando un auténtico suplicio con los peques en casa.

Si puedo sacar una primera conclusión de este periodo profesional, es que es preciso organizar una rutina diaria, donde estar bien alimentado y la actividad física sea básico para seguir equilibrado en todos los aspectos de la vida. La radio, la lectura, las series y películas y tener la vida social mínima que permita el virus, es la otra parte que hay que cuidar. No sé si este método puede ser útil a todo el mundo, pero confieso que a mí me está sirviendo para no desfallecer.

P.D.: Gaelia me ha contado que ha dedicado algunos días a vaciar armarios y quemar aquello que ya no forma parte de su vida y que tenía olvidado. Seguro que más de uno ha hecho lo mismo.

¡Salud y Letras!

 

Juan Zamora Bermudo

 

Escuela de escritores

Al final del pasillo he visto apilados todos los cuentos que imprimí de “La Ventana de Millás”, aquel concurso de la radio de principio de los dos mil. Con el confinamiento Pedro ha limpiado los armarios de trastos y documentos de una época anterior. Ya no recordaba que había guardado las hojas de aquellos cuentos. Ahora que las reviso, veo que con Millás había una increíble y talentosa cantera de aficionados en aquellos años. Autores que admiraba y a los que les perdí la pista sin saber si han podido publicar. Después de leerlos casi todos, he decidido que los voy a sacar del pasillo y los volveré a guardar. Nunca se sabe.

© Gaelia 2020

 

Imagen: Freepik.

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