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«Cuando las barbas de tu vecino…»

«Cuando las barbas de tu vecino…»

Queridos paisanos:

Así reza el viejo refrán, que hasta ahora parece que sigue siendo cierto.

Grecia, la madre de la cultura de occidente, ya está empezando a arder.

Tarde, pero está empezando a arder.

Son demasiadas vueltas de tuerca a un tornillo que no tiene más roscas que las que tiene.

Y se acabaron las vueltas y las roscas.

Para poder seguir dándole vueltas al tornillo, colocaron “democráticamente” a una zorra de guardián del gallinero, cuya lealtad a los zorros, combinada con un magnífico conocimiento técnico de las gallinas, les está permitiendo comer gallinas todavía y no sé por cuánto tiempo.

Pero el chantaje que el gobierno no ha tenido más remedio que tragar, no está dispuesto a tragárselo el conjunto de los ciudadanos, simplemente porque ya no pueden.

Y a los gladiadores les ha salido un Espartaco de 90 años, que ya luchó contra los alemanes en la Segunda Guerra Mundial y ahora está dispuesto a hacerlo en la Tercera.

Y quien nada tiene, salvo la dignidad, nada tiene que perder.

Y ésta, no están dispuestos a perderla, todo lo más, la vida.

Supongo, o mejor estoy seguro, que si los griegos ricos junto a los patrones-amos del actual primer ministro y del ministro de economía quisieran, les bastaba con traer el dinero a su país… y santas pascuas.

Supongo, o mejor estoy seguro, que eso no va a ocurrir, y que a cambio tendrán prevista una reacción violenta por parte de la población y el modo de atajarla, siempre bajo la filosofía de: A río revuelto, ganancia de pescadores.

Pero siempre se escapa algo.

Esta confianza en sí mismos que tienen los amos, es comparable a la que tenían los miembros (entonces no había miembras) del Antiguo Régimen, allá por 1789, antes de que les aplicaran el invento del Dr. Guillotin.

Ya por entonces, existían las voces disidentes de los Enciclopedistas.

Igualmente ahora, existen las de los economistas y filósofos no asalariados, que cada vez son más, y que claman por la regeneración, refundación o simplemente cambio drástico de un Sistema Económico, que se ha demostrado a sí mismo y sin necesidad de comunistas para echarles la culpa, manifiestamente ineficaz por manifiestamente injusto.

De hecho, a todas estas gentes, les está salvando el culo un extraño híbrido entre comunismo y capitalismo: el Celeste Imperio, que tiene en común con ellas, otro “ismo”: el parasitismo.

Pues bien, la situación de Grecia, no puede ser más parecida a la de España.

Vean si no:

1) Un ministro de economía y una política económica y laboral, a las órdenes de los que crearon la crisis, orientada a engordar bancos y depredar pobres.

2) Una política fiscal absolutamente injusta.

3) Un fraude fiscal instituido.

4) Un parlamento que no representa a la población, basado en una ley electoral que no se cambia porque no conviene a los partidos mayoritarios ni a los nacionalistas.

5) Un poder judicial politizado.

6) Unos partidos mayoritarios con suficiente corrupción como para llenar varias prisiones.

7) Una administración hipertrofiada para crear estómagos agradecidos y votos cautivos.

8) Unos medios de propaganda e intoxicación de masas en forma de tele basura y fútbol, que junto a planes de Educación-Enseñanza desastrosos, han estupidizado el país a corto y medio plazo, y que se llaman a si mismos “medios de información”.

9) Unos sindicatos subvencionados, es decir, comprados.

 

Los desequilibrios económicos están siendo tales como los de hace muchas décadas.

Los logros sociales adquiridos durante el siglo XX, han sido segados en los últimos 20 años.

Mientras la banca obtiene los mayores beneficios de su historia a base de especulación, en nuestro país hay 12 millones de personas con criterios de pobreza.

En España, quien realmente reina en estos momentos, no es la dinastía Borbón, es la injusticia.

La pregunta que debemos hacerle a quienes detentan el poder es si van a poner remedio a la situación ahora, o van a esperar a que la cosa se incendie de verdad.

Grecia ya ha avisado.

Cuando los traidores a Viriato (de los que uno era paisano nuestro), fueron a cobrarle a los romanos, además de puñaladas, recibieron la siguiente respuesta:

¡Roma no paga traidores!

Pues los “mercados” SÍ…. ¡y bien!

 

José María Sierra


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