Conversación entre María y Ana Arregui sobre el «Arte» desde dos parcelas diferentes

"Creo que es una oportunidad para plantear cuestiones sobre nuestras profesiones y el modo en que las abordamos"

En el ecuador de la semana, El Pespunte ha querido dedicarle un espacio al arte de una manera singular. Propusimos una conversación entre dos hermanas ursaonesas que han abierto el cajón de su experiencia y sabiduría para exponer pareceres desde sus diferentes y no excluyentes profesiones. 

Presentación

Ana Arregui Montero es licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) con máster en Arte y Tecnología. Actualmente reside en Madrid, donde desarrolla su discurso en torno al cuerpo, identidad y género. Ha sido seleccionada en diversos certámenes y residencias lo largo del panorama nacional, como la XXXIV Muestra de Arte Joven de La Rioja (Gobierno de La Rioja), Residencias Estudio Aberto (Diputación de Lugo) o la XIV Muestra de Arte Público de Jóvenes Creadores (Valencia). Ha participado en ferias Internacionales de Arte Contemporáneo y ha presentado su trabajo en distintas exposiciones individuales y colectivas, destacando su último trabajo Racimos expuesto en el centro cultural Matadero Madrid. También es diseñadora especializada en branding, marketing y comunicación y actualmente trabaja en la consultora de diseño frog.

María Arregui Montero es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, máster en Arte, Museos y Gestión del Patrimonio Histórico por la Universidad Pablo de Olavide, máster en Comisariado de Arte Público en la HDK-Valand – Academy of Art and Design en la Göteborgs Universitet y ha realizado un Doctorado en torno a la historia del Comisariado de Arte en España. Ha trabajado en galerías de arte y ha realizado críticas de arte en diferentes medios, entre ellos Diario de Sevilla. Ha desarrollado labores de comisariado de arte contemporáneo así como de catalogación de bienes patrimoniales histórico-artísticos para la Universidad de Sevilla y el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). Actualmente trabaja en el área de Cultura del Ayuntamiento de la Puebla de Cazalla.

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Diálogo

María Arregui Montero: Nunca hemos trabajado juntas, por respetar nuestras parcelas, a pesar de que nos hemos influenciado y enriquecido mucho mutuamente. Me alegra que este se convierta en nuestro primer encuentro en ese sentido, y espero que sea el primero de muchos.

Ana Arregui Montero: Creo que es una oportunidad para plantear cuestiones sobre nuestras profesiones y el modo en que las abordamos. Yo como artista y creadora, tú como crítica y comisaria, y sobre todo, como pensadora del arte. Seguramente, con respecto a tu parcela en el arte, haya quien se interese sobre cuál es tu papel-evolución como crítica respecto al trabajo de un artista y cómo te enfrentas a sus trabajos. Lo pregunto desde el hecho de que un crítico no elabora. Es una cuestión que, de manera más o menos explícita, siempre produce este tipo de debates.

M: He asumido mi papel de crítica y comisaria como observadora, lo que me obliga, en cierta manera, a tomar una posición. Sobre esto hablaba Oscar Wilde en El crítico como artista, cuando su personaje Gilbert afirma que no ha existido nunca una época creativa que no haya sido al mismo tiempo crítica. Siempre he considerado que el pasado es fundamental tenerlo en cuenta, pero no podemos anquilosarnos en él, tenemos el deber de avanzar y ser analíticos con nuestro tiempo, comprometernos con él y proyectar nuestras acciones, nuestro trabajo, nuestra producción creativa hacia el futuro. Todos los artistas han sido contemporáneos en su momento y, en la actualidad, la sociedad tiene una deuda con sus creadores. Sobre el hecho que planteabas al principio, sobre que un crítico o una crítica no elaboran, es algo que ocurre en todos los ámbitos. Por ejemplo, el crítico de cine no hace películas –por norma general–. Pero, realmente, todos opinamos sobre lo que nos interesa y que de algún modo conocemos. Pero, ¿cómo lo conocemos? Como consumidores. El arte se consume con los ojos pero, sobre todo, con la mente; si no me cuenta nada, no me interesa.

A: Respecto al consumo del arte, los discursos pueden llegar a ser complejos, algo que experimento con mi propia obra. Pero, por ejemplo, la técnica es algo que valoro y trabajo en cada proyecto, que disfruto y hace querer superarme en cada pieza, pero siento que el discurso es lo que da sentido a todo el trabajo que hay detrás, es lo que va a remover…

M: Desde tu postura como artista, efectivamente, experimentas el reto –nada fácil– que supone que idea, técnica y discurso vayan de la mano. Es cierto que esto no es un requisito para un artista, pero sí una distinción a mi modo de verlo.

A: Sí, pienso igual. He tenido la suerte de perfeccionar mis conocimientos técnicos en una facultad de Bellas Artes como la de Sevilla, sin embargo, la Universidad Politécnica de Valencia, en la que pude ingresar a través de la Beca Séneca, me abrió el campo que enriqueció aún más mis inquietudes discursivas. Mi trabajo se presenta como revulsivo, ya sea a través de la plástica o a través del concepto.

M: Justamente a eso me refiero: a sacrificar la complacencia visual por un compromiso con tu labor artística.

A: Para proponer soluciones a los problemas hay que evidenciarlos sin tapujos. Mi línea de trabajo se centra en el concepto de individuo y la relación entre identidad y cuerpo. Esa investigación se abre para trabajar aspectos incluyentes en esa relación como el contexto social, el lugar en el grupo y cómo nos desarrollamos a través de nuestras circunstancias. Eso implica que, en mis proyectos, incluya una perspectiva feminista y que, además, se convierta en algo de lo que no pueda prescindir y de lo que aprendo continuamente.

M: Es cierto que muchas veces hemos hablado de que tu trabajo se mueve en la más absoluta figuración, sin embargo, existen mensajes más allá de lo que vemos en la imagen.

A: El cuerpo es el elemento central de mi investigación y, más concretamente, el de la mujer. El cuerpo como contenedor de materia es algo que me fascina y trabajo sobre él y a veces con él, ya que, el acto de pintar para mí es muy físico, muy dinámico, donde concentro una gran cantidad de energía. Todo ello he podido compartirlo con el público, por ejemplo, en proyectos como Arqueolejías o El Sexo fuerte a través de la pintura en directo.

M: Para quien no conozca tu trabajo, ¿cómo lo definirías?

A: Represento el cuerpo de una manera no normativa y desafiando las lecturas tradicionales que se han hecho en torno a él, ya que mis discursos se fundamentan en el cuestionamiento de roles de género y de ideas establecidas que resultan anacrónicas. En

Racimos trabajo con el cuerpo femenino fragmentado, a través del dibujo y la instalación, y en Retóricas Corporales trabajo la relación cuerpo-sujeto a través de otras mujeres y sus testimonios a través de la fotografía. Sin embargo, no siempre es explícita esta representación y utilizo recursos que hagan reflexionar como ocurre en Proyecto Pluriempleo, donde abordo la doble cuestión de mujer y trabajo y cómo se percibe en el espacio público de una manera inesperada. Aun así, esa representación de la mujer sigue incomodando, incluso sigue viéndose de una manera erotizada en muchos casos, algo que no comparto y que desmonto con mi trabajo.

Instalación Racimo 2. Artista: Ana Arregui. XXXIV Muestra de Arte Joven en La Rioja.

M: En la actualidad yo también haría una crítica a la crítica en algunas cuestiones en relación a lo que comentas. Es agotador enfrentarse a alguna obra donde aparezca una o varias figuras femeninas y que la literatura que se vierta sobre ella sea casi siempre lo relacionado con el erotismo, la belleza, la sinuosidad del contorno “femenino”, la sensualidad, aunque nada tengan que ver con eso. Es como si no pudiéramos desligarnos de esas connotaciones patriarcales que arrastra la historia del arte. Tu obra es un golpe sobre la mesa en medio de todo este desorden histórico.

A: Precisamente esa es la finalidad: dar un golpe en la mesa como dices, y hacer reflexionar. Además, al compaginar mi carrera de artista con la de diseñadora, es ese discurso crítico el que me hace salir de las soluciones previsibles a las que me enfrento. A día de hoy percibo el arte como una poderosa herramienta de trabajo que me ayuda a plantear nuevos retos y enfoques a la hora de resolver problemas: el arte plantea cuestiones, el diseño las resuelve.

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M: Recuerdo tu exposición en Matadero Madrid: ver expuesto Racimos en un lugar cuya arquitectura guarda aún la esencia para lo que fue construido, fue conmovedor.  En tu caso se cruzan dos aspectos que destacaría: la fuerza expresiva y que, a pesar de tratar temas tan crudos, existe una importante carga de ternura y de esperanza en tus piezas. Las percibo como tú misma has descrito, un revulsivo pero con vocación de cambio, de evolución, de mejora.

A: Quizás percibas eso incluso de una manera más evidente que yo, ahí se refuerza la importancia del crítico y comisario. Los artistas creamos, en muchas ocasiones sin saber hacia dónde vamos. Eso es positivo en tanto que forma parte del proceso experimental y del afloramiento de nuevas ideas y líneas de trabajo, pero la perspectiva que aportáis es muy enriquecedora, incluso llegando a abrir nuevos significados a la obra. Pienso, por ejemplo, en el trabajo que has realizado con la Colección A2 o el comisariado Mitologías del Presente del artista Ángel Pantoja en la sala Atín Aya de Sevilla, un espacio enorme de 3 plantas… imagino que un gran reto.

Exposición Explícito y oculto: Percepciones del ser. Obras de la colección A2. Sala de la Provincia, Diputación de Huelva. Comisariada por María Arregui Montero.

M: Profundizar en cuáles son las mejores vías y criterios para bordar un comisariado ha sido mi objetivo desde que inicié este camino, de hecho, mi tesis doctoral se basa en esa búsqueda. El diálogo con los artistas –para hallar lo más apropiado de su producción para según qué finalidad–, el diálogo con los coleccionistas –Colección A2, que tiene una línea muy definida– debe ser profundo y hay que llegar a entendimientos por ambas partes para mostrar nuevas lecturas de algo que parece que ya está previamente determinado. Sin olvidar que, en el caso de que sea un proyecto expositivo para un espacio físico, todas las piezas tienen que tener un diálogo entre sí y con el propio espacio, que aporta su propio carácter. El concepto comisariar es amplio, complejo y en constante cambio. De hecho, durante el confinamiento en 2020 abordé el proyecto Confinement Archive, dentro del marco de mis estudios en la Academia de Arte y Diseño HDK-Valand en la Göteborgs Universitet. Fue un duro proyecto de comisariado porque trataba de arte público en un momento donde estaba prohibido transitarlo, realizado a tiempo real: me di cuenta de que el único espacio público no confinado era el virtual, y lo frágil que es el concepto de lo público. Pero el hecho de comisariar se resume en una idea: pensar la selección para comunicar algo en concreto, teniendo siempre presente a quién o a quiénes va dirigido.

Exposición Mitologías del Presente. Obras del artista Ángel Pantoja. Sala Atín Aya (Sevilla). Comisariada por María Arregui Montero.

A: En este sentido, ¿cuáles consideras que han sido tus principales referentes?

M: Hay que tener en cuenta que nadie te enseña a hacer crítica ni tampoco a comisariar, pero está claro que actualmente no puedes hacer bien ninguna de las dos cosas sin tener referentes. En lo que respecta a una forma de pensar y al compromiso con el momento en que se vive, una de mis grandes referentes ha sido Susan Sontag, y en el contexto español, Rosa Olivares. Por supuesto, al profesor Juan Bosco Díaz-Urmeneta Muñoz, a quien lamentablemente hemos perdido de manera reciente, le debo la pasión por la estética. La lista continúa, por ejemplo con todos aquellos que aportaron su conocimiento en mi tesis doctoral como María de Corral y Lorena Martínez de Corral, Manuel Borja-Villel, José Lebrero Stäls, Fernando Castro, Esther Regueira Mauriz, Olga Fernández López y José Jiménez. También me he nutrido del conocimiento y buen hacer de grandes profesionales, como Antonio Jiménez y su proyecto de galería AJG Contemporary Art Gallery.

A: Comparto algunos de tus referentes, aunque absorbamos de manera distinta de cada uno de ellos.

M: Igualmente existen referentes que no han influido en mi forma de trabajar pero sí en mis preferencias e intereses. Tenemos muchos más en común en el ámbito de los creadores.

A: Posiblemente. Artistas como Louise Bourgeois, Paula Rego, Helena Almeida, Jenny Saville… en el ámbito nacional Carmen Calvo, Pilar Albarracín, Darío Villalba entre muchos otros. Así mismo tengo la suerte de rodearme de grandes artistas y amigos como Miguel Benjumea y Juan Antonio Cerezuela con los que creé un gran proyecto para la Feria Internacional de Arte Contemporáneo We Are Fair, y Zarva Barroso quien ha contado conmigo para alguno de sus proyectos. En el ámbito del diseño y su conceptualización nombraría a Rafael Zaragozá, entre otros.  Sin duda, tener referentes forma parte del crecimiento y son definitorios a la hora de posicionarse en un discurso u otro. Pero considero que, además, es importante que esa intencionalidad artística llegue a los públicos.

Proyecto Arqueolejías. Cuerpos Líquidos. Artista: Ana Arregui. Residencia Estudio Aberto 3. Diputación de Lugo.

M: Creo que posiblemente el mensaje a veces no llega a los públicos por una carencia en la promoción y en la mediación, y ese es uno de los retos que asumí tanto en la crítica como en el comisariado de arte: reducir la distancia arte-público. Es algo que, actualmente, también tengo la suerte de desarrollar dentro de mi labor en el Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván. Es muy emocionante cuando personas de cualquier edad que no han tenido nunca contacto con el arte o tienen nociones muy básicas, han atendido a las explicaciones y salen de la sala agradecidos de lo que han aprendido sobre algo que, a priori, no sabían descifrar. Siempre he defendido la idea de que las obras no se explican a sí mismas. Explicar y enseñar son las claves para que los públicos disfruten y puedan hacer posteriormente sus propias interpretaciones. Pero no hay que confundir la mediación con imparcialidad: como decía Baudelaire en relación a la crítica, ésta ha de ser parcial, política y apasionada, hecha desde un punto de vista exclusivo pero con la intención de abrir aún más horizontes.

 

El Pespunte quiere agradecer sobremanera la predisposición absoluta tanto de María Arregui como de Ana Arregui a la hora de realizar esta interesantísima y amena conversación para deleite de nuestros lectores.

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