Cartel 400 años de la Divina Misericordia

No debe ser nada fácil enfrentarse a un encargo que implique a una obra maestra del calibre del Santísimo Cristo de la Misericordia, obra del imaginero, Juan de Mesa. Tampoco lo es el conseguir innovar en el ámbito del diseño y la cartelería dentro del plano devocional, una disciplina en la que no hay medias tintas: o se opta por una visión tradicional o por la sugestiva modernidad. Sin embargo, el trabajo de Miguel Ángel Díaz ha conseguido aunar ambas tendencias a través de la elegancia, el respeto y la devoción. 

El primer vistazo al cartel es más bien un choque emocional. No necesita de las típicas composiciones abigarradas que se estilan en este tipo de trabajos para dar a entender que nos encontramos ante sentimiento puro. 

Respetar el blanco del lienzo como fondo etéreo desarrolla un importante concepto del vacío que dota al conjunto de una necesaria calma y espiritualidad serena. Sobre este, el artista aplica dos instintivos golpes dorados llenos de energía que configuran una cruz, en la que el brillo, reside en la fuerza que transmite, metáfora de la intensidad de la devoción de su pueblo. La composición se cimenta así sobre contrarios, sobre una impetuosa serenidad. 

El cartel lo protagoniza la santa faz del Cristo de la Misericordia, la cual está ejecutada con maestría y clasicismo. En ella se conjuga de forma armoniosa el retrato tradicional con la vanguardia del collage a través del efecto del non finito, trabajado desde el cabello y fusionándose con el soporte de madera circular a través de la visión poética de la corona de espinas. 

La grandeza de este cartel es que desarrolla un conjunto armonioso entre los distintos elementos que lo componen, los cuales poseen entidad por sí mismos y conforman un diálogo que refuerza el mensaje de su espiritualidad. A nivel de diseño, todo funciona con precisión, la mínima carga de texto ofrece toda la información necesaria para la conmemoración sin asfixiar el conjunto. El artista nos ofrece una síntesis perfecta de elementos, cuya conexión entre actualidad y tradición consigue ofrecernos la perfecta visión de una devoción que se ha mantenido durante 400 años. 

 

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Rafael de Besa

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