¿Cansado de la vuelta a la rutina?

En los últimos días, hemos ido incorporándonos a nuestra rutina diaria y teniendo que dejar atrás nuestras tan ansiadas y deseadas vacaciones. Una labor que no resulta del todo fácil, ya que como es lógico, incorporarse y adoptar unas obligaciones después de un tiempo de descanso y desconexión, cuesta. Por si este esfuerzo no fuera suficiente, aquellas personas que son padres tienen que lidiar además con la no siempre fácil, vuelta a la rutina de los más pequeños. Ayudarles a adoptar de nuevo un horario de vigilia y sueño, a aceptar que de nuevo hay que hacer deberes, estudiar…

¿Qué podemos hacer entonces para que la vuelta a la rutina nos cueste un poco menos? En primer lugar, ajustar nuestras expectativas, es decir, tener en cuenta que seamos adultos o niños, todo proceso de adaptación conlleva un poco de tiempo. Tener presente esta premisa nos ayudará a tener más paciencia, tanto con nosotros mismos como con los más pequeños de la casa, lo cual favorecerá que toleremos más fácilmente los imprevistos y dificultades que vayan surgido en el día a día. En segundo lugar, fijar un tiempo a la semana para seguir realizando alguna de las actividades agradables que realizábamos en verano. Quizás haya algunas que por las condiciones meteorológicas o el sitio en el que residamos no podamos realizar, en estos casos, es recomendable pensar alguna forma de adaptarlas y de realizar algún cambio en ellas para poder seguir realizándolas, ya sea esas mismas o algunas similares, y en los casos en los que modificarlas un poco no sea posible, sustituirlas por otras que también nos resulten agradables y placenteras. Aunque hayamos vuelto a la rutina, tener un tiempo de disfrute y desconexión en nuestro día a día, es esencial para nuestro bienestar emocional.

Así mismo, el tomarse de forma regular un tiempo diario, simplemente unos minutos, para pararse con uno mismo, respirar y no hacer nada, tiene múltiples beneficios en nuestra salud mental y con ello, en la actitud con la que afrontamos la rutina. Además, realizar ejercicio físico dos o tres veces en semana nos ayuda a desahogarnos y desconectar de las preocupaciones y actividades diarias. Del mismo modo, salir a dar un paseo sin prisas, observando y focalizando nuestra atención en los detalles de las zonas por las que vayamos transitando, no solo nos permite desconectar, sino que nos ayuda a centrarnos en el presente y en el “aquí y ahora”, ayudándonos así, a dejar de pensar tanto en aquello que nos preocupa y en todas esas actividades que tenemos que hacer.

Volver a la rutina cuesta, pero en nuestra mano tenemos la oportunidad de poner en marcha estrategias y recursos que nos ayuden a que esa vuelta cueste menos. Puesto que tenemos que volver a ella igualmente, mejor hacerlo de la forma más liviana posible, ¿no crees?. ¿Y tú? ¿Te animas a comenzar a aplicarlo esta misma semana?

Paula Morales Olivares

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