TASA INCIDENCIA COVID (población de 60 o más años) OSUNA 470,8. | Aguadulce 0,0 | Algámitas 1.744,2 | Badolatosa 154,6 | Cañada Rosal 256,1 | Casariche 0,0 | Corrales (Los) 0,0 | Écija 306,8 | El Rubio 226,8 | El Saucejo 616,2 | Estepa 186,2 | Fuentes de Andalucía 0,0 | Gilena 223,2 | Herrera 320,7 | Lantejuela 0,0 | La Luisiana 91,0 | La Puebla de Cazalla 547,3 | La Roda de Andalucía 1.146,1 | Lora de Estepa 0,0 | Marchena 176,3 | Marinaleda 0,0 | Martín de la Jara 152,0 | Osuna 470,8 | Pedrera 0,0 | Villanueva de San Juan 0,0 | (Actualizado 08/06/2022 a las 10:55 h.)

Cambios

Hoy me pregunto qué significa el cambio. Esa cosa a la que mucha gente teme porque no quiere que cambie nada. Cuando era joven nos prometieron el cambio y todos sabíamos qué era aquello que nos proponían. Aunque el cambio fuera algo difuso, llevábamos cuarenta años de siempre lo mismo. Estábamos cansados de beber el mismo vino, de jugar al fútbol en un solar lleno de piedras, de leer siempre los mismos libros y periódicos, de la hora del Ángelus en una radio de válvulas y de rezar el rosario a diario. Como siempre, cuando llegó el verdadero cambio, todos nos llenamos de reproches porque el cambio que nos habían jurado requería de muchos sacrificios. Con los años entendí que la gran transformación no iba a ser algo fácil y que aparte de los de las cosas de lo cotidiano, habría cambios más profundos que no veríamos hasta muchos años después. Cambiar aquella España descrita por Delibes en su novela “Los Santos Inocentes” no sería fácil. El solar donde había que ubicar el edificio de la nueva sociedad, estaba ocupado por los principios fundamentales del Señorito Iván y la Señora Marquesa. Costó mucho esfuerzo, desengaños, decepciones y más años de los que nos hubiera gustado. Los viejos solares donde jugábamos los niños se transformaron en parques con fuentes. Llegó el agua corriente a las casas, la luz a doscientos veinte voltios y se iluminaron las calles. Empezaron a desaparecer las vacas por la calzada, los arrieros con sus burros cargados con materiales de construcción, las bicicletas camperas, los grupos de hombres en las plazas esperando ser elegidos para ir a trabajar al día siguiente. Llegaron las pensiones, los tratamientos contra el cáncer, se erradicaron enfermedades como la meningitis; casi desapareció la tuberculosis. Los niños fueron todos al colegio, con sus plumieres nuevos y sus libretas Guerrero y comían tres veces al día. Se construyeron barriadas blancas, nuevos hospitales y aparecieron campus universitarios en poblaciones alejadas de la capital. Quizás no fue suficiente. Quizás el pago fue excesivo. Quizás afloró la indignante corrupción oculta. Quizás hay quien todavía no valore todo esto porque es muy joven y no conoció la España de Delibes, o ni tan siquiera se la han contado en casa.

Hoy, de nuevo, nos prometen cambios. Me temo que ahora el cambio no significa buscar un futuro mejor. Ya no significa entrar a formar parte de esta Europa que tanto nos ha ayudado en la pandemia. Ahora el cambio significa salir, disolver lo plural, generar diferencias sociales yentre hombres y mujeres. Retroceder en lo mucho conseguido para parecernos más al cortijo de Delibes que a la Toscana italiana o la California americana. No sé cómo llamar a eso que venden, pónganle uds. el nombre. Lo único que sé es que se trata de cualquier cosa menos de un cambio. Es volver a nuestras catacumbas. Es volver a jugar en un solar lleno de piedras, es que llamen a tu puerta por la noche y alguien te muela a palos; es imaginarte a alguien diciendo “Milana bonita” y creer que puede aparecer el viejo Zacarías, con su grajilla en el hombro y su gorra sucia.

© Juan Zamora Bermudo

Fotografía: Creative Commons

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