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Balón de Oro

Estoy viendo un vídeo en un canal de internet. En el vídeo aparece una niña de unos doce años, junto a seis o siete niños de la misma edad. Tanto los niños como la niña realizan ejercicios de entrenamiento de fútbol con el objetivo de presentarse a unas pruebas que les permita entrar en un equipo. Corren, se pasan el balón, practican el regate moviendo el esférico entre conos puestos en fila. Todo marcha bien, hay buen ambiente, hasta que uno de los niños dice que el fútbol es un deporte de y para hombres, y que la niña no debe presentarse a la prueba. Es una machorra, y lo que tiene que hacer es irse a un equipo femenino donde se juega más suave, y donde los balonazos y caídas no duelen tanto. El ambiente se caldea, el entrenador está ausente, ella defiende poder jugar donde quiera, y los chavales dicen con una misma voz que la niña tiene el mismo derecho que todos y que se queda; y a continuación, un chaval se adelanta unos pasos para plantarse cerca del disconforme, para decirle que si no quieres formar parte de un equipo formado por hombres y mujeres pues coge tus cosas y te vas. Como guinda le pregunta si sabe quién ha ganado el último balón de oro. El niño disconforme calla, y el otro le informa: una mujer.

No sé a qué se refiere este joven futbolista con lo del balón de oro. Por sus palabras deduzco que es un premio que se otorga cada cierto tiempo a jugadores de fútbol que sobresalen por la calidad de su juego, o porque meten muchos goles. Pero la cosa es que el entrenamiento continúa. El niño disconforme persiste en su queja. ¿Alguien le presta atención? Nadie. Los niños y la niña ya pasan de sus palabras y han vuelto al entrenamiento, a practicar un deporte en el que el trabajo en equipo es fundamental, a sudar la camiseta desde muy jóvenes para conseguir cumplir su deseo de jugar como profesionales en el mundo del fútbol, a mostrar al chaval que se niega a entrenar con una niña que su postura aprendida era y es la equivocada. (Porque no debemos olvidar que ningún niño o niña nace pensando/creyendo que hombres y mujeres deben jugar en distintas ligas y equipos, sino que esto es algo que aprendemos mediante gestos, acciones y comentarios machistas de los adultos que habitan alrededor en nuestro día a día.)

El entrenamiento continúa, los niños y la niña disfrutan, y todo va como debe. Pero llega un momento en el que unos hombres y mujeres saltan al campo con micrófonos y cámaras de televisión, los chavales se quedan clavados, y en sus rostros podemos leer la pregunta qué está pasando. Y lo que pasa es que todo es una cámara oculta. Un montaje organizado por un programa de televisión (la niña y el niño disconforme son dos actores contratados) con el objetivo de mostrar a los telespectadores y telespectadoras la reacción de los niños ante tal muestra de discriminación. Y estos niños, que aún tienen la boca abierta por la inesperada aparición de los micrófonos y las cámaras, han reaccionado defendiendo de forma clara y contundente que la niña forma parte del grupo de aspirantes y que se queda, mientras que las personas encargadas de dirigir y presentar el programa cumplen con su trabajo con frases llenas de elogios y cariño hacia los chavales. Así que muchas sonrisas, muchos aplausos, mucha música de violín y todas y todos tan contentos y tan felices.

Pasamos al segundo acto. El campo de fútbol ha desaparecido de la pantalla. En la imagen vemos al niño que dijo aquello de si no te gusta coges tus cosas y te vas. Está en un plató de televisión. A un lado tiene a su madre, y al otro la presentadora del programa. Detrás, el público. Y más sonrisas y más violines y más aplausos dirigidos al niño, que ahora sostiene entre sus manos un trofeo que le acaban de entregar por su buen corazón y valentía al defender a una niña que quiere jugar al fútbol. Y mientras ocurre todo esto, me pregunto si tras apagar las cámaras y los focos alguien hablará a este niño de doce años sobre las barreras con las que se topan las mujeres para poder ejercer su carrera profesional en cualquier deporte, y por qué, de manera injusta, estas barreras son prácticamente inexistentes en la carrera profesional deportiva de cualquier hombre. También me pregunto si algún adulto o adulta propondrá a este niño hacer una comparación entre el tiempo que la mayoría de los programas deportivos de radio y televisión dedican a informar y debatir sobre el fútbol practicado por hombres, con el tiempo que dedican al fútbol practicado por mujeres. O quizás no. Quizás no haya radio ni televisión cerca, pero sí una persona que relate a este niño de doce años sobre los cientos de médicos y científicos que, hasta bien entrado el siglo XX, calificaban a las mujeres que accedían por méritos propios a puestos ocupados en su totalidad por hombres como <<seres que rompen las reglas de la naturaleza>>, mujeres raras, excepciones, mujeres que, según los “estudios” realizados por ilustres señores, al mostrar aptitudes para ejercer la política, la abogacía, las artes o la medicina eran una clara muestra de cómo un cuerpo de mujer puede guardar en su interior mentalidad y alma de hombre.

<<La base sobre la que se ha construido toda la doctrina feminista en sus diferentes modalidades es precisamente la de establecer que las mujeres son actoras de su propia vida y el hombre ni es el modelo al que equipararse ni es el neutro por el que se pueda utilizar sin rubor varón como sinónimo de persona. >> Con estas palabras de Nuria Varela podemos ver lo incompleto de un programa que, tras mostrar lo estupendos que son un grupo de chavales al defender el derecho de una niña a jugar al fútbol, no indaga en el meollo de la cuestión, no se pregunta ni nos pregunta cómo y por qué surgen esas desigualdades entre hombres y mujeres, no informa a los y las jóvenes de las trampas del discurso patriarcal y machista en el que se establece lo masculino como lo universal. (¡Qué bien juega esta niña! Es toda una Ronaldiña. O mira aquella otra chavala, ¡es como Casillas pero en mujer!) Pero para profundizar en este tema es necesario que los y las ocupantes de ciertos despachos en los que se decide qué se transmite por televisión y cómo, es necesario, decimos, que dediquen un tiempo a leer, estudiar, comprender y reflexionar sobre <<la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera. >> Victoria Sau.

Alguien lo hará. Lo de hablarle al niño, quiero decir. Confío en ello. No será hoy, en ese plató de televisión, pero sí pasado unos años, cuando alguna profesora le haga saber sobre las obras de Nuria Varela, Amelia Valcárcel, o Mary Wollstonecraft, mujer perteneciente al grupo de las primeras feministas, y que en 1792 dejó por escrito lo siguiente: <<Me declaro en contra de todo poder cimentado en prejuicios aunque sean antiguos.>> O quizás ese primer contacto no acontezca en un aula, sino en un momento de vestuario, cuando algún compañero le preste un libro de Octavio Salazar, o de Virginia Woolf. Y durante la lectura/escucha silenciosa ante las páginas del libro, o ante las palabras que le dirija su profesora, comenzará a ver, a comprender, que la transformación de una sociedad no se consigue por muchos balones de oro que ganen destacadas mujeres en el mundo del fútbol, sino mediante un trabajo diario en pos de la creación y desarrollo de nuevas formas de hacer y ver este deporte, o cualquier otro. Nuevas formas en las que lo denominado por el patriarcado como “masculino” no sea el modelo de referencia al que aspirar.

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Álvaro Jiménez Angulo

 

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