Aquella noche

Aquella noche fue la equidistancia
entre tu olvido y mi reencuentro.
Arranqué con la furia de mi boca
las blancas palomas de tu destino,
empapando mis labios de veneno.
Amé el callar de tus ojos cerrados,
murmurar de tus pechos descubiertos;
Tú mi tendencia a la credulidad
y estos dedos míos con desaciertos.
Siempre tú con tu indolencia consciente
y yo con mis diez cañones por verso.

Con nocturnidad de una despedida
mordí la flor de tus muslos abiertos.
En ti las palabras son más amargas:
“niño, no es esta noche de sonetos”.
Leve, olías a luna con luceros,
siempre yo a sangre y arrepentimiento.
Morí la muerte más dulce que existe
sin que ni siquiera eso fuera cierto,
ni tú con tu indolencia consciente,
ni yo con mis diez cañones por verso.

Jose Mª Contreras Espuny

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