Antonio Moreno… ¡Gracias!

..."te convertiste en sanador de las heridas físicas y emocionales de los niños"...

¡Qué revuelo tan grande en las redes sociales y qué silencio en tu colegio!… Porque nadie discute que el colegio era tuyo, que tú mandabas. Ningún director, ni de talante autoritario ni de espíritu jovial, ha podido desbancar al humilde y sencillo dueño de este Cortijo (el CEIP Rodríguez Marín), a ti, Antonio “el Conserje”.

Tu jubilación dejó un vacío, pero lo entendíamos ley de vida y lo creímos un bien para tu futuro… Pero hoy el destino, tan tremendamente caprichoso, nos deja a toda la comunidad educativa “huérfanos” de ti. Nuestras almas vagan por el Centro en busca de un poquito más de tus muestras de cariño.

Antonio… ¿o quizás te llamas “Ángel”?… Fuiste el gran Custodio del material del Centro, el mimoso cuidador de sus plantas pero, sobre todo, te convertiste en el sanador de heridas de los niños (las físicas y las emocionales). Con ellos te hacías uno más, nadie como tú para entenderlos y hacerles el día más divertido. Y hoy veo a un pueblo entero mostrándolo por todos los resquicios en los que se nos permite hablar de ello con respeto.

Una niña, que cumplía hoy 19 años, me explicada su mamá cómo estaba de apenada, abrazada a una foto que tenía contigo, expresando que su cumple este año no era el mismo. A lo mejor no te veía, pero no te habías ido.

Y es que es pronto para sentir que lo has hecho e injusto creerlo cuando tenemos tanto de ti con nosotros.

A nivel profesional comencé a crecer de tu mano. Nos llevábamos diez años y nos hicimos hermanos. Hasta el 50 aniversario lo celebramos siendo tú el más antiguo del personal laboral y yo la más antigua del profesorado (otra mágica coincidencia). Contigo había que ser cómplices. No sólo porque si no escaseábamos en material, que teníamos que rogarte porque tú querías proteger hasta la economía del Centro, si no porque la complicidad la marcabas con tu forma de ser. Tú no negabas, tú pedías razones desde la humildad y siempre con el dibujo de la sonrisa en tu rostro. Jamás se ha discutido contigo más de lo que lo hace un padre con un hijo o entre hermanos, porque tú no entrabas en esos juegos, tú siempre buscabas Paz y dabas soluciones sin tener cátedra alguna en tus manos, más que aquella de ser excepcional que la vida te regaló.

Recuerdo cuando los compañeros me mandaban a pedirte material porque sabían (imagino que la similitud en edad y tiempo compartido lo marcaban) que lo iba a conseguir. Y era un gusto hacerlo, porque volvía con ello a tener la certeza de que se te ganaba siempre desde el cariño.

Antonio, dejas a un Centro con el material sangrando, con la gran cancela que sólo tú sabías manejar cuando se ponía “embrutecida” con un deseo enorme de abrirse para que se escuche el grito de dolor de toda la Comunidad ante tu partida.

A mí que no me engañen, Antonio, tú no te vas… Las personas de Alma Grande, como tú, siempre se quedan en los espacios donde han dejado tantas huellas positivas.

Cuando, a principios de curso, descubrí tu casa escolar tapiada, quise dar un giro a mis sentimientos (que iban encaminados a apenarse) , para sonreír porque pensaba que ahora estabas en otro momento de tu vida, cerca de los tuyos… Pero se te han arrebatado demasiado pronto esos momentos, en plena segunda juventud, donde estabas disfrutando de Conchi y tus hijos, de tus trabajos en la madera y tus labores de campo. La vida te debe una explicación.

Tú, con ese traje humilde que siempre vestía tu alma, no podrías ni imaginar el gran homenaje que te está brindando el pueblo de Osuna en sus comentarios en las redes sociales y la presencia cercana a tu familia. Y es que, a veces, debíamos de saber expresar nuestras emociones antes de que la persona parta, como hacías tú, por eso mereces esa gran despedida con creces. Cuando tanto repiten cualidades como: ejemplar, amable, persona increíble, buen profesional, prudente…es porque lo has ganado a pulso, en la constancia del día a día.

Cuánto agradecimiento mana de los que han puesto lo más preciado de sus vidas en tus manos. Esos niños que, probablemente, algunos ronden ya los treinta años…pero que aún sienten esa seguridad, equilibrio y acogimiento que tú, gratuitamente, ofrecías. Tú no sólo curabas sus heridas…tú sanabas sus problemillas. Porque, desde esa sencillez, tan dignamente elevada, nunca dabas consejos… era tu vida, eran tus hechos los que aleccionaban, entre mirada y mirada, intermedios de buen hacer, abrazos (a mayores y pequeños).

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Un Ser de Altura y de Ejemplo para todos nosotros. Dueño no sólo del Betadine y el algodón, o las cartulinas y los bolígrafos que hoy lloran al escribir, si no Dueño, con mayúscula, del corazón de los NIÑOS y de las personas que, como yo, hemos tenido el gran lijo de disfrutarte. Y esa es la “llave” de la puerta principal, la que hoy ha abierto los corazones de familiares, amigos y toda, toda la Comunidad Educativa del CEIP  “Rodríguez  Marín”.

Y, si San Pedro existe, te estará esperando para, con total confianza entregarte las llaves del Cielo.

No te vas…porque en tu colegio va a seguir siempre viva tu Esencia, tu Sonrisa.

Gracias, Amigo…

Gracias, Compañero.

Carmina Espuny

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