“Los otros que habitan”

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Osuna es un lugar para el deleite, con grandes e indiscutibles virtudes que son capaces de asombrar a cualquiera que se acerque a conocerla. No es necesario señalar de nuevo en qué consisten todos esos valores, puesto que todos los conocemos. Y es que este texto no trata de convencer a los ursaonenses de las grandezas de su pueblo -de los que todos podemos derramar orgullo- sino de hacer una reflexión importante en uno de los grandes asuntos pendientes que tenemos con aquellos otros que habitan. ¿Y quiénes son estos otros? Aquellos con quienes compartimos el espacio común, que nos cruzamos a diario, que nos miran invadidos en una mezcla de esperanza y miedo, porque saben que de nosotros depende su bienestar y supervivencia. Pueden llamarlos animales.

En la obra literaria La insoportable levedad del ser del escritor Milan Kundera, encontramos expresado de manera muy clara la principal razón por la que debemos protección a estos seres:

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  • …«la verdadera bondad del hombre solo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales».

Es un sano ejercicio admitir que las ciudades no solo son sus gentes, sino también su fauna y su flora, y que la correcta integración de esos factores, su cuidado eficiente y el respeto a su existencia no solo hablan del nivel de bondad de los ciudadanos de la localidad -que tan abstracto puede sonar-, sino que también habla de su nivel de educación, de respeto, o dicho de otro modo: habla de lo que el ciudadano se merece vivir en el entorno y medio ambiente en que lo hace. Dar y recibir, y viceversa, es la base del equilibrio en cualquier ámbito y sociedad.

Todos conocemos la colonia felina que habita en el teatro Álvarez Quintero, o que más bien habitaba. No es justo para Osuna y su Teatro que la gran noticia de su rehabilitación quede ensombrecida por el desajuste que eso provoca en el hábitat de la colonia felina que se ha visto desprovista de su único refugio, algo que ineludiblemente los arrastra a la desprotección absoluta. Podemos mirar hacia otro lado y restarle la importancia que tiene, si no fuera porque, hacer eso, nos impediría seguir presumiendo de vivir donde vivimos, porque los valores no pueden sustentarse únicamente en el -indiscutible- legado histórico y patrimonial, sino que también lo hacen en nuestro modo de tratar a los animales. El teatro Álvarez Quintero debe seguir su avance, como es natural y necesario, pero con ello asumimos una enorme deuda con aquellos que han hecho de este espacio su hogar durante tantos años. Les debemos refugio, protección e incluso, atención veterinaria.

Osuna puede y debe celebrar la recuperación de su teatro. De hecho, podemos enorgullecernos de que el refinamiento cultural que la presencia de un teatro supone, nos acompaña desde que fuimos colonia romana. Y como de colonias -romanas y felinas- y de teatros va la cosa, hagamos todos un esfuerzo por cuidar todo aquello que tenemos y habla de nosotros.

A título personal, respetemos a estos animales a quienes también les pertenece el espacio urbano. Y por parte del Ayuntamiento de Osuna, sería un gesto más que honorable facilitar un espacio donde cobijar a esta colonia que ya no tiene a dónde ir, y que además cumple una función de control de plagas inestimable. Asumamos nuestra responsabilidad y presumamos, aún más, de los valores humanos de nuestro pueblo.

Seamos dignos de convivir con aquellos otros que habitan.

Animales de Osuna (AOS)

 

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