Adiós, Marcos

Tenemos alcaldesa. Rosario no es un libro abierto, se traga más letras de las que dice, y tampoco es un huracán de barricadas que me haga levantarme de la silla. No me lo tomes a mal, Rosario, tienes el timón de un barco que iba a la deriva y solo de ti depende no hacerlo encallar en números rojos. Si algún día nos encontramos espero que nos saludemos con aprecio mutuo y aquí tienes la voz y la palabra de un censurado durante ocho años para lo que necesites. Mas que le pese a los tiralevitas de Marcos, Rosario será nuestra alcaldesa.
Nuestros tres ediles de IU han confundido la democracia con un circo y le han dado plantón a Osuna en el pleno de investidura. Tanto se ha luchado por la libertad para dejar que ahora la administren tres bufones a los que les suenan más las tripas que la cabeza. La izquierda ha quedado reducida a una patochada, al correveidile de tres pelotas que no asimilaron que les tocaba pasar del sol a la sombra, de las luces al páramo de la oposición, donde ya no hay poder para colocar a los enchufados ni para meter la mano en el bolsillo del prójimo.
Izquierda Unida deja la alcaldía como un tahúr manco que no acepta que ha perdido al tute subastado, como un cobarde que esconde la cara antes de que se la partan, como payasos que por no asumir la derrota escondieron el culo y pusieron la mano.
Y llega Rosario, una alcaldesa de mazapán, que no jura por Carlos Marx pero que tiene mi apoyo. Rosario que no acaba de creerse que sus camaradas del ala izquierda tirasen una alcaldía que tenían a huevo. Y en medio Miguel Ángel, un buen señor si tuviera mejor vasallos, que afila las carambolas a ver si de una vez por todas le toca ser alcalde, que ya tiene el traje comprado y hasta se quitó el bigote para evitar que le comparasen con un catador de vinos.
Rosario llega le abre la puerta falsa a Marcos, al que le dieron la mano izquierda para gobernar y prefirió hacerlo con la derecha. Con la mano izquierda se escardan los campos, se abren fronteras y se estrechan otras manos. Con la diestra se abren los bancos, se subastan bastos en los casinos, se administran limosnas de buen samaritano y se rascan los ombligos.
A Marcos le entregaron la mayoría para que aplicara gestión y gobierno y ha devuelto un pueblo desgobernado y con un agujero en las tripas. Le dieron las barbas de los menesterosos pero eligió la gomina. Marcos fue un paréntesis de verbena dentro de la democracia.
Adiós. Roma no paga traidores y esta leyenda se cumple, en Osuna igual que en Roma.

Artículo de opinión de un lector de El Pespunte:
Francisco Chirino Núñez
–El Pespunte no se hace responsable de las opiniones aquí vertidas por los lectores.–

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