La plaza de Santo Domingo (II)

Puede que esta fotografía, felizmente conservada, sea la más antigua de la plaza. En ella se aprecia un espacio urbano presidido por una fuente rodeada de animales y personas y, en general, caracterizado por la irregularidad del terreno y la ausencia de arbolado. De la iglesia de Santo Domingo llama la atención el hecho de tener blanqueada la parte inferior de sus muros, llegando la cal, según parece, hasta donde se alcanzaba con una caña de blanquear bien larga. No existe unanimidad entre los historiadores a la hora de explicar esta costumbre, muy extendida en la época y fácilmente comprobable en otras fotos antiguas. Para unos las razones serían de orden sanitario —se trataría de eliminar con la cal los microorganismos que pudieran transmitir enfermedades— y para otros de orden arquitectónico, pues la cal serviría de recubrimiento fortalecedor de los sillares, un material cuya superficie es porosa y, por tanto, poco resistente a las inclemencias del tiempo.

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El harén de la talla 38

Detengo mi paso ante un escaparate. El escaparate pertenece a una tienda de ropa. Esta ropa, perfectamente expuesta para su venta, es ropa de o para mujer. Mujer joven, para ser exactos. Y digo para ser exactos porque esa parece ser la intención de los dueños o dueñas de la tienda, ya que todas las fotos enmarcadas y colgadas por distintas paredes del interior del establecimiento están protagonizadas únicamente por jóvenes mujeres que posan sus delgados cuerpos ante la cámara y están vestidas con distintas prendas colocadas estratégicamente ahí, en estanterías y perchas y al alcance de nuestra mano.

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