El perro y el cojín

El perro de mis abuelos ha encontrado un nuevo divertimento. Desde hace dos semanas se dedica a pasear por la casa un cojín. Lo porta en la boca, lo muerde, lo chupa, lo custodia, se lo intenta follar, lo esconde. Creo que se ha enamorado de ese trozo de tela relleno de algodón. Cuando va a comer lo deja al lado, cuando se echa a descansar, igual. El cojín nunca protesta, al cojín nunca le duele la cabeza, el cojín no tiene manías.

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