Los silencios de una casa

Hay casas en las que el silencio -momentáneo- suena a alivio. Son unos cuantos de minutos al día en los que parece que no hay nadie bajo ese techo, en los que bien por el cansancio o bien por la Patrulla Canina, los activistas de la vida y del chupete deciden dar una tregua. Después, al terminar los episodios o al recargar las pilas, vuelve el ruido del día a la casa, los juguetes en el suelo, las cisternas, la puerta del frigorífico, los hipidos del llanto, el eco de una risa verdadera, una de esas que se ejercita por juego. Nadie ríe mejor que los niños, ellos son los instructores de las mejores carcajadas de los adultos.

Continuar Leyendo